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BEAUTIFUL DAY – 10/10

Por Gabriel F. Keena | @GFKArgentina

Más de 50 mil personas presenciaron un recital que quedará en el recuerdo: la agónica clasificación de la Selección Argentina gracias a Lionel Messi – que se transmitió por la pantalla gigante del Estadio Único de La Plata – fue la antesala perfecta para que el show de U2 se convirtiera en una fiesta inolvidable. Crónica de un día hermoso.

Quizás suene un poco exagerado pero la previa de este recital comenzó ni bien terminó el partido Argentina con Perú en la Bombonera. El dramático empate en cero puso en jaque la clasificación del seleccionado a Rusia 2018 y obligaba a los dirigidos por Sampaoli a ganar en la altura de Ecuador en la última fecha, con la radio en la oreja escuchando partidos ajenos. Ante ese escenario, el “universo futbolero” que sacó la entrada para ver a la banda irlandesa cayó en la desesperación cuando chequeó que el horario del show coincidía con ese – ahora decisivo – partido de la albiceleste.

Yo formaba parte de ese “universo futbolero” que se enfrentaba a semejante dilema. Por suerte, no era el único. En las redes sociales empezaron a florecer mensajes de personas vendiendo su entrada al costo, mientras otros puteaban a la selección por no haber clasificado antes mientras reflexionaba sobre el sinsentido de estar viendo un show de rock con auriculares puestos escuchando un partido de fútbol. Traté de autoconvercerme y restarle importancia a la clasificación pero mi deseo irracional se impuso siempre.

Por suerte el martes a la mañana – el día del show y del partido – una noticia francamente inesperada destrabó la disyuntiva: U2 había decidido dilatar su show para que el público no se pierda el partido en el Estadio Único de La Plata. De repente, Bono arriesgaba el éxito del concierto y se ponía en la misma situación que el inefable gerente de Noblex. Como suelen decir en los claustros académicos, la situación era “plata o mierda”.

No deposité demasiadas expectativas en el show: fui a ver a U2 en 2006 en el marco de la Vertigo World Tour y no hay dudas que junto a los Stones y Coldplay son capaces de exhibir un despliegue escénico imponente. El problema era que para que eso sea nuevamente una fiesta, dependíamos de once tipos que no hacían un gol desde marzo.

Cuando llegué al estadio me dispuse en uno de los laterales del campo, un poco más adelante de la torre de control, estratégicamente bien ubicado para ver el partido pero no así para posteriormente observar el concierto. El tiempo no acompañaba: hacía frío y lloviznaba.

Al rato empezó el show de Noel Gallagher’s High Flying Birds, banda que el ex líder de Oasis formó en 2011 después de pelearse por enésima vez con su hermano Liam. La realidad es que el rol de telonero claramente le queda chico. El Gallagher bueno salió al escenario con sus temas solistas y en pocos minutos congregó a la muchedumbre dispersa, sobre todo cuando encaró Champagne Supernova, Little By Little y el clásico indeleble Don’t Look Back In Anger con el que se retiró. Antes de irse, no dejó de confesar su afecto hacia el público argentino que lo aplaudió largamente.

20.30, la hora de la verdad. La pantalla del escenario comenzó a proyectar las imágenes desde Ecuador. La selección se jugaba su último tiro. El estadio, que ya para esa hora estaba prácticamente repleto y enmudeció cuando Ecuador hizo el gol (automáticamente pensé en los gestos de Bono, Messi y el gerente de Noblex). Yo, por mi parte, sentía que me habían asestado un mazazo en la cabeza y temía un ataque de epilepsia: “esta noche se va todo al carajo”, pensé. Por suerte, existe un pibe llamado Lionel Andrés Messi, encargado de salvar a la Argentina y convertir los tres goles que nos depositan directo en Rusia. Como en el Camp Nou, la gente se rendía en alabanzas cuando la pantalla enfocaba al astro rosarino. La euforia de la multitud se hizo mayor con la frutilla del postre: Chile se quedaba afuera del Mundial.

Mientras terminaba de comprobar la eliminación del equipo trasandino, las luces del estadio se apagaron, la pantalla desaparecía y de fondo comenzó a escucharse la batería inconfudible de Larry Mullen Jr. Era Sunday Bloody Sunday y U2 sabía que Messi había dejado al público listo para desahogarse. Los cuatro se ubicaron en el mini escenario dispuesto en el centro del campo. El público vociferante siguió prendido con New Years Days, Bad (con un enganchado Heroes de Bowie) y Pride (In The Name Of). Los irlandeses desplegaron todo su arsenal de clásicos ochentosos previos a ese descomunal álbum que es The Joshua Tree, publicado en 1987, motivo por el cual se organizó esta nueva gira mundial por el trigésimo aniversario.

Después de esos frenéticos 15 minutos, Bono tomó el micrófono y habló en nombre de todos cuando dijo: “Gracias Lionel Messi”. Recién ahí, la multitud se calmó un poco, pero el relajo duró hasta que The Edge – ese grandioso guitarrista que nunca hace una de más pero es dueño de un estilo único – comenzó el mítico riff de Where The Streets Have No Name, clásico que abre el disco homenajeado. De fondo, una pantalla gigantesca volvió a encenderse para proyectar imágenes con una calidad superlativa.

Con la segunda canción uno confirma por qué The Joshua Tree es un disco obligatorio siendo lo mejor de 1987, junto al Appetite For Destruction de los Guns N’ Roses. Suena Still Haven’t Found What I’m Looking For y le sigue With Or Without You. The Joshua Tree es en sí mismo un Greatest Hits, pero además de su excelencia musical, y esa formidable capacidad para generar clásicos universales, también es un testimonio humanitario con el que Bono decidió lanzar un comprometido perfil político mundial, muy distinto a la figura clásica de rockstar consagrado, con el que se ganó un reconocimiento internacional así como también numerosas críticas.

Poder escuchar temas como Running To Stand Still, Bullet The Blue Sky o Red Hill Mining Town que habitualmente quedan fuera de la lista de “clásicos” es lo más interesante de revisar discos clásicos, porque realmente son hermosas canciones que no suelen ser incluidas en los shows en vivo, eclipsadas por los numerosos himnos que ostenta la banda.

Créditos: Soledad Aznarez – La Nación

El disco cierra con Mothers Of The Dissapeared (Madres de los desaparecidos) que originalmente hacía alusión a un grupo de madres de El Salvador quienes se inspiraron en las Madres de Plaza de Mayo, por lo tanto Bono las invitó a subir al escenario cuando tocaron por primera vez en nuestro país, en mayo de 1998. Aquel reconocimiento fue tremendamente conmovedor. Quizá esta ocasión era una buena oportunidad para repetirlo, sin embargo el grupo solo decidió hacer mención a todos aquellos que luchan por los derechos humanos en todas partes del mundo. Igualmente, el guiño a las Madres de Plaza de Mayo llegaría más tarde.

Créditos: Soledad Aznarez – La Nación

La banda se retiró con la famosa proclama “el pueblo vencerá” pero la retirada duro apenas unos minutos, tras la ovación que los reclamaba. Comenzó el encore bien arriba para ir cerrando la noche: Beautiful Day, Elevation y Vertigo, una atrás de la otra, volvieron a encender la noche con un pogo constante de felicidad. En ese momento de algarabía, nuevamente recordé los tres goles de Messi y agradecí al diez por esta fiesta.

El recital cerró con You’re The Best Thing About Me, Ultraviolet (Light My Way) dedicada a las mujeres y principalmente a su lucha contra la opresión machista que sufren diariamente, reconocimiento que se reflejó en la pantalla donde se proyectaron personalidades icónicas como Eva Perón, Mercedes Sosa, Susana Trimarco, María Elena Walsh, el movimiento NI UNA MENOS y Madres de Plaza de Mayo así como también otras figuras internacionales.

La banda se despidió lógicamente con One que fue coreada por todo el estadio Único de La Plata mientras emergía un gigantesco sol para después formar la bandera argentina que quedó proyectada hasta el final.

Así terminaba un largo y hermoso día que difícilmente sea olvidado por quienes allí estuvieron. Ojalá lo hayan disfrutado tanto como yo.

 

ULTRAVIOLET – U2 – ESTADIO ÚNICO DE LA PLATA

WHERE THE STREETS HAVE NO NAME – U2 – ESTADIO ÚNICO DE LA PLATA

BEAUTIFUL DAY – U2 – ESTADIO ÚNICO DE LA PLATA

LISTA DE TEMAS

 

Sunday Bloody Sunday

New Year’s Days

Bad

(with “Heroes” snippet)

Pride (In the Name of Love)

Where the Streets Have No Name

I Still Haven’t Found What I’m Looking For

(with “Stand By Me” snippet)

With or Without You

Bullet the Blue Sky

(with “America from the West Side Story” snippet)

Running to Stand Still

Red Hill Mining Town

In God’s Country

Trip Through Your Wires

One Tree Hil

Exit

(with “Wise Blood and “Eeny… more )

Mothers of the Disappeared

(with “El Pueblo Vencera” snippet)

Encore:

Beautiful Day

Elevation

Vertigo

Encore 2:

You’re the Best Thing About Me

Ultraviolet (Light My Way)

One

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Carlos Alberto García, el camaleón

Por Mariano Massone

Hay un Charly para cada una de las personas. La verdad refractaria de este ídolo de rock lo hace aparecer como un espejismo -¿motor inmóvil?- de cada época de la historia de la música popular nacional. Porque ni siquiera sé si Charly es rock, es música popular, es música de cámara trastocada o, simplemente, un símbolo que flota sobre nuestras cabezas.

¿Existe el narigón con dedos de cóndor que posa con sus manos sobre el teclado? ¿Es realidad aquel que se solidarizó con la muerte de Kurt Cobain tiñéndose de rubio en el MTV Unplugged? ¿Es verídica su carrera de enfermero en una película under argentina? ¿Existió ese hippie que necesitaba alguien que lo emparchara un poco y le limpiara la cabeza? ¿Y aquel que fue el primero en decirle pelotudo a Lanata y romperle el guión televisivo a la comadrona rubia de los juegos televisivos?

Charly es filosofía barata; pero de la que pega duro, de la que pega abajo. Carlos Alberto es el panóptico de Foucault en “Botas Locas”, la alegoría de la caverna de Platón en “Alicia en el país”, el devenir mínimo de Deleuze y Guattari en “Siempre puedes olvidar”, el temor y temblor místico de Kierkegaard en “30 denarios”, el super- hombre de Nietzsche en “Correte Beethoven” y así podemos seguir y seguir.

Cada época es una nueva transformación y no alcanza nunca el tiempo para abordarlo todo. Charly es lo que es porque es un exceso en la historia de la música argentina. El único lugar que le queda es la grandeza: “seré famoso o tristemente célebre”. Nos enrostra todo lo perfectos y mediocres que podemos ser los que nacimos y vivimos en este suelo, nos enrostra nuestro caretaje, nuestro puritanismo y nos escupe en la cara. Es nuestro espejo y, por eso, lo odiamos y lo amamos tanto. ¿Quién sino él podía derrotar el manto patriotero y paranoide sobre la cancioncita de Vicente López y Planes y Blas Parera?

Todavía recordamos su departamento pintado con aerosoles de la década del 90 como si fuese un templo a la revolución artística. Porque Charly entra en el concepto de lo sublime, no es bello. No hay nada de belleza en su obra. Quizás, un poco en sus primeras obras; pero seguro fue obra del afeminado Nito Mestre y su flauta traversa. En Charly todo es tormenta en medio del océano: “La entrada es gratis, la salida vemos”.

No hay nadie más cosmo-políticamente argentino como él. Y, quizás, las voces de Casandra resuenen en esto: figura mitológica de la adivina a la cual nadie le creía, pero siempre acertaba con lo que iba a ocurrir. Su castigo divino es que, a Carlos Alberto, nunca nadie le creyó. “Un loquito” decían. “Un loquito pero un bestia en el piano”. Y el Argentinazo estaba a la vuelta de la esquina: “sólo por amor, nadie vende el diario”.

Hablar de Charly es recordar la historia de millones de jóvenes desilusionados de los noventa que descreían de absolutamente todo lo que estaba pasando a nivel político en el país. Pero, también, hablar de Charly es recordar a una constelación de artistas argentinos diezmados por la dictadura militar: León Gieco, Mercedes Sosa, Luis Alberto Spinetta. Es recordar como, mientras Charly vivía como un esquizofrénico yendo de la cama al living de su departamento en Palermo, afuera y más al sur de la Capital Federal mataban a Kosteki y Santillán o la policía de De La Rúa golpeaba a las Madres de Plaza de Mayo. Algo de esa sublimidad y exceso de Charly llegó a las calles.

Esperemos que las hordas caóticas de este artista no se precipiten de nuevo….. “Say no more”.

 

¿Qué te Zappa?

Por Matías Duer

Numerosas veces he intentado emprender esta escritura, todas insatisfactorias. Mi neurosis me impone el mandato de la perfección. Voy a patear el tablero y empezar de cero, a ver qué pasa.

Voy a hablar de uno de mis mayores ídolos: Frank Zappa. No pretendo centrar la atención en su música; para eso existen varias guías que tratan acerca del orden indicado para incursionar en la vastísima obra de este prolífico artista, y también disponemos de varios medios cibernéticos para poder escucharla. Tampoco me interesa analizar el lugar que ocupa en la cultura popular (principalmente estadounidense), donde frecuentemente es visto como un sujeto extravagante y polémico. Para citar al maestro: “I’m famous, but most people don’t even know what I do” (soy famoso, pero la mayoría de la gente ni siquiera sabe lo que hago). Casi todas las entrevistas se enfocan en estos aspectos. Zappa escuchó hasta el hartazgo a entrevistadores cortos de miras señalando lo curioso y sorprendente que es que exista un músico de rock con pelo largo que al mismo tiempo esté en contra del consumo de drogas.

Esa pregunta estúpida es uno de los indicadores de la incomodidad de la gente ante una figura tal. Es precisamente por este tipo de cuestiones por las que Zappa es mi ídolo; en mi opinión, su arte representa ideas que desafían el sentido común, tan acostumbrado a establecer oposiciones binarias rígidas. Si es un músico de rock, es un hippie que se droga. Cuando decimos, por ejemplo, diversión y trabajo duro, parece que estamos hablando de elementos incompatibles, mutuamente excluyentes.

Una de las películas más conocidas de Zappa, Baby Snakes, cubre una serie de recitales de Halloween en New York durante el año 1977. Incluye múltiples animaciones en stop-motion hechas con figuras de arcilla por Bruce Bickford, un genio demente que combatió en Vietnam. El film comienza con ‘lo que la gente no ve’, es decir, la enorme cantidad de esfuerzo que implica montar un show de semejantes características. Primero, se ve una pequeña parte de un ensayo, y luego se lo ve a Zappa observando en vivo el arduo trabajo de Bickford, quien se encuentra fotografiando las figuras de arcilla a medida que las va moviendo con una precisión milimétrica. El resultado es impresionante; justamente, lo que la gente ve. Helo aquí:

Como pueden ver, el video habla por sí solo. Decir que es una genialidad sería redundante. De este modo, cae la oposición entre trabajo duro y diversión. Se entiende que el primero es una condición para maximizar el segundo. Creo que es de vital importancia reivindicar esta relación, especialmente teniendo en cuenta el nefasto mensaje, tan instalado en nuestra sociedad, que repudia todo tipo de esfuerzo, y ordena perseguir un placer simple y crudo (el cual, a fuerza de repetición, termina por volverse monótono).

También encuentro en la obra de Zappa un encomiable mensaje de fondo: ser libres y disfrutar de la vida. No es muy complicado hallar rabiosas críticas a figuras de autoridad tales como los padres, la policía, la iglesia, o cualquier institución que imponga de manera dogmática un pensamiento cerrado y retrógrado. Uno de los discos que mejor ejemplifican esto es We’re only in it for the Money, en donde Zappa dice que la parte más horrible de tu cuerpo es tu mente. Esto tiene consecuencias: “All your children are poor unfortunate victims of systems beyond their control/A plague upon your ignorance and the grey despair of your ugly life/All your children are poor unfortunate victims of lies you believe/A plague upon your ignorance that keeps the young from the truth they deserve” (Todos sus hijos son pobres víctimas desafortunadas de sistemas más allá de su control/Una plaga basada en la ignorancia de ustedes y en la gris desesperación de su vida horrible/Todos sus hijos son pobres víctimas desafortunadas de mentiras que ustedes creen/Una plaga basada en la ignorancia de ustedes que mantiene a los jóvenes alejados de la verdad que ellos merecen). Recuerdo que la primera vez que escuché esa canción, no lo podía creer; había quedado deslumbrado por la genialidad. Está lleno de personas estúpidas, perezosas, cobardes, y egoístas, que tienen hijos y los crían irresponsablemente, engendrando injustamente aún más estupidez.

Sin embargo, al hablar de este disco, muchos prefieren mencionar su pícara tapa:

were_only_in_it_for_the_money

Este burlón guiño al Sgt. Pepper’s de los Beatles hizo que el disco de Zappa pasara a la fama como una crítica al incipiente movimiento contracultural de los hippies. Pero, como dije antes, una cosa no quita la otra. Uno puede repudiar en una canción a los policías que cagan a palos a los hippies, y al mismo tiempo bardear a los hippies por hacer un uso estúpido de su libertad. De hecho, Zappa lo hizo. No se trata de demonizar el consumo de drogas aduciendo alguna prohibición divina, sino de señalar que el discurso hippie de liberación social no es llevado a la práctica mediante estrategias efectivas, pensadas con seriedad. Nuevamente, la incomodidad de no poder reducirse a ninguno de los opuestos; ni la imposición institucional que inhibe el desarrollo de un pensamiento libre, ni la acción rebelde espontánea e irreflexiva que no lleva a ningún lado.

No es mi intención pintar a Zappa como una especie de líder revolucionario. Pero sí creo que es clara su intención de cambiar varios de los valores e ideas de la sociedad estadounidense. Y esto lo hizo -o lo intentó hacer- desde el ámbito artístico, por supuesto.

El ideal de una vida de placeres sofisticados y elevados, las exigencias de cuestionamiento constante que implica el pensamiento crítico, la exhortación a ser libres pero no imbéciles; todo eso hallo en la música y en las películas de Zappa. Se trata de la puesta en escena de piezas estéticas excelentes, sumamente ricas, que no pueden sino ser obra de un genio y talento increíbles.

Es en este sentido que decía que no iba a centrarme en la música o en los discos. Me interesaba más mencionar algunas de las razones por las cuales considero a Zappa uno de mis más grandes ídolos. No es simplemente que su música me provea un placer muy intenso (que, obviamente, lo hace), sino que también representa ideales con los que estoy de acuerdo, y según los cuales intento dirigir mi vida.