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#SICARIOSDELROCK | SWEET CHILD O’MINE POR ULISES BUENO

Exactamente un mes después de cumplir los 27 años, la maldición que sufrieron otras estrellas internacionales – ver el Club de los 27 –  recayó también sobre Rodrigo Bueno, el famoso cantante cuartetero que murió en un accidente automovilístico, mientras gozaba como nadie en nuestro país de la aprobación popular. Su repentina muerte enlutó a los miles de jóvenes que lo entronizaron casi como a un santo patrono de la música popular.Su ausencia en el circuito bailantero nunca se terminó de cubrir, y a más de 15 años de su muerte, sus canciones siguen sonando en boliches, fiestas y casamientos.

Sin embargo, su hermano menor, el joven Ulises Bueno intentó tiempo después de su muerte tratar de mantener su vivo su legado a través de su lazo sanguíneo, tratando de replicar la valiosa herencia que le legó su hermano. Pero a Ulises nadie lo registraba y la fama le fue esquiva durante varios años hasta que el año pasado la pegó con la canción “Intento” para finalmente conseguir un poco de crédito propio.

Su exitoso presente despertó el interés de la producción de Showmatch quienes decidieron incluirlo en la presentación del primer programa que se materializó ayer en la pantalla de Canal 13. Llamativamente no cantó ninguna canción suya, ni tampoco homenajeó a su hermano sino que se decidió a masacrar públicamente para millones de espectadores el clásico de los Guns N’ Roses, Sweet Child O’Mine. Esto es lo que sucede cuando a un cara de piedra le ofrecen fama, un micrófono y una versión mal traducida al castellano:

NO EN ESTA VIDA

Guns N’ Roses (GNR) ofreció dos shows históricos en River Plate cerrando un eterno paréntesis de 23 años. Ambos conciertos contaron con la presencia de Steven Adler que se sumó para tocar la batería en una canción y así poder ver a casi todos los integrantes originales de la banda en vivo después de tanto tiempo.

por @GFKArgentina | Gabriel F. Keena

Infancia y adolescencia

Desde que era un niño el rock de Guns N’ Roses estuvo presente en mi vida. Tengo vagos y distorsionados recuerdos de mi infancia, pero puedo rememorar la primera vez que escuché Used To Love Her sin tener más de 5 o 6 años. Obviamente no era una motivación personal ni mucho menos, sonaban porque mis hermanos adolescentes gozaban de la plenitud de la banda californiana, allá por los inicios de la década del 90.

También me tropezaba con la tapa de alguno de sus discos. Me sentía cautivado pero inspiraban temor, observaba la cruz cadavérica, rostros jóvenes demacrados que denotaban el hastío del maltrato. Leía las tres palabras que constituían su lema: Sexo, drogas y Rock N’ Roll. Apetito para la destrucción. Qué lejano resultaba ese mundo oscuro y peligroso. Eran 5 pibes perdidos, condenados. Ojalá nunca me parezca a ellos, pensaba para mis adentros.

Clásico de clásicos
Clásico de clásicos

Pasaron algunos años y llegó la adolescencia. Mientras despedía dolorosamente para siempre a mis muñecos – al igual que Andy en Toy Story 3 – el rock tocaba la puerta de mi pieza. Cebado por mis compañeros de colegio, empecé a escuchar discos y compilados de lo que sea hasta que un día recordé a los Guns N’ Roses – quienes desde hacía algunos largos años habían desaparecido repentinamente de la escena del rock – y fui a buscar los álbumes que mis hermanos habían dejado en casa (Sí, todavía no había acceso a la música digital).  Allí volví a toparme con ellos, pero ésta vez, ya no fue una sensación temerosa ni de rechazo sino todo lo contrario: me sentí atraído y conectado con mis propias rebeldías que comenzaban a aflorar.

Desde ese día y durante casi toda mi adolescencia fui un acérrimo seguidor de Guns N’ Roses. Pero ya era tarde. Ya se habían separado. Ya eran un recuerdo del pasado que yo trataba de revivir, deseando que en el nuevo milenio pudieran reunirse y volver a desplegar el rock visceral y rabioso que exportaron al mundo desde Los Ángeles.

Ya había gastado sus 5 discos de estudio. Ya había leído todos los foros disponibles. Ya había visto todos los conciertos de sus giras. Ya estaba empezando a perder la paciencia.

En 2001, Axl Rose reapareció después de una larga pausa que incluyó una cobertura mediática preguntando qué había pasado con él. Su regreso ocurrió en Rock in Rio con una banda completamente nueva y un visible sobrepeso del que se sigue hablando hasta hoy. Las expectativas fueron enormes, pero enseguida se percibió que ese nuevo proyecto debió tener otro nombre. Guns N’ Roses era otra cosa.  Y sobre todo, eran otras personas.

De sex symbol en los 90's a ser víctima del bullyng por su obesidad
De sex symbol en los 90’s a ser víctima del bullyng por su obesidad

La tiranía Rose

Durante todo el nuevo milenio, Axl Rose puso en juego el prestigio ganado en la década anterior y coqueteó con el ridículo al punto de ser su propia parodia. En el medio publicó Chinese Democracy un álbum que tardó casi una década en ver la luz y ostenta ser la producción más cara de la historia: 13 millones de dólares, que no alcanzaron para recomponer su bastardeada imagen.

Casi un álbum solista
Casi un álbum solista

Numerosos músicos atravesaron lo que ya era un proyecto solista de Axl. Guns N’ Roses era un tributo de Guns N’ Roses y mi ídolo adolescente se había derrumbado completamente en todo ese alocado proceso. No quise saber nada con sus visitas en 2010, 2011 y 2014, a pesar que en esta última por lo menos contó con la presencia de Duff McKagan.

Consciente del sacrilegio que Axl estaba cometiendo con GNR, alguna vez un periodista le preguntó si había alguna posibilidad de volver a tocar con sus antiguos compañeros, a lo que respondió: “Not in this lifetime” (“no en esta vida”).

No en esta vida

La frase fulminante parecía sepultar cualquier posibilidad de reunión, sin embargo, en abril de este año sorpresivamente los medios comenzaron a hablar de un deshielo entre Axl y Slash que podría desembocar en una reunión que felizmente terminó sucediendo.

Aquella respuesta de Axl se convirtió en el título de una nueva gira en la que Slash y Duff McKagan, después de 23 años, volvían a unirse a la banda. Por motivos económicos Izzy Stradlin no fue parte de la reunión mientras que Steven Adler apareció inesperadamente en los shows de Cincinatti y Nashville para tocar un par de temas.  La  Not In This Lifetime World Tour se puso en marcha en los Estados Unidos para finalmente llegar a la Argentina en noviembre y despertar nuevamente la ilusión dormida en todos los que habíamos añorado un regreso.

Rosario sería la primera parada. Una previa adecuada para volver a enfrentar la ciudad que los había tocar juntos por última vez, una fría noche de julio de 1993: Buenos Aires, aquel último e imprevisible capítulo de la etapa dorada de Guns N’ Roses.

Llamativamente no fue La Plata, sino River nuevamente. Tres años después del último concierto realizado en ese estadio, volvió a abrir sus puertas (¿únicamente?) para recibir a los rockeros que se habían despedido en la cima de la gloria 23 años atrás.  Pasó el show del viernes y a mi me tocó el sábado.

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Hacía tiempo que ya no escuchaba a los Guns pero en los días previos me fui cebando para revivir, al menos por una noche, aquel fulgor adolescente.

Llegué al estadio una hora y media antes del show para meterme en el campo general y me encontré con una kilométrica – literal – cola que parecía interminable. Al igual que en el recital de David Gilmour, la organización (fullticket) hizo agua y faltando escasos minutos para que empiece el show tenía a miles de personas aún sin ingresar al campo. “Nos toman por boludo”, diría Roberto Navarro.

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Logré entrar a las corridas mientras escuchaba los acordes iniciales de It’ So Easy acompañados por una estridente ovación que les daba la bienvenida. Mr. Brownstone me sacó el mal humor y la bronca que sentía por el maltrato que sufrimos constantemente los asistentes a este tipo de eventos.

Con Chinese Democracy logré calmarme para empezar a disfrutar del concierto y cuando Axl exclamó Do You Know where the fuck you are?? caí que estaba cumpliendo un sueño de antaño.

De ahí en adelante el show fue una fiesta y el campo era un reguero de remeras de los Guns N’ Roses.  Adolescentes, jóvenes, cuarentones y cincuentones, todos se identificaban con la casaca que lucía una calavera con armas y rosas. Cada acorde que sonaba se encargaba de borrar los 23 años de espera. Todo volvía la normalidad.

La puesta en escena no fue rimbombante. Dos pantallas gigantes laterales al escenario y una pantalla central que proyectaba imágenes discretas sin exhibir nada demasiado flashero. La atención estaba puesta en otro lado: Axl entonaba como en las viejas épocas, Duff volvía a corretear por la pasarela, Richard Fortus hacía de Gilby Clarke y Frank Ferrer de Matt Sorum mientras que lo de Slash merece un párrafo aparte.

Su frondosa cabellera rizada, cubierta parcialmente por su icónica galera, y las gafas oscuras, ocultaban el rostro del mítico guitarrista, escondiendo cualquier gesto o seña que pudiera expresar su cara. Slash solo interactuaba con el público a través de sus descomunales solos que desprendía de su Les Paul y con una remera que decía Buenos Fucking Aires siendo su indirecta manera de corresponder el cariño del público gunner porteño al que volvió a reconocer después con un tweet reverencial.

La remera dice Buenos Fucking Aires. Foto: Diego Fioravanti
La remera dice Buenos Fucking Aires. Foto: Diego Fioravanti

Además, el sábado comprobé a través de la gente que el liderazgo de la banda ahora es compartido. Si algo relevante cambió en estos 23 años es que Axl y Slash se encuentran en el mismo grado de protagonismo, a diferencia de aquellos recitales del 93 donde el cantante ostentaba ser el amo y señor del escenario. Este flamante tour de reencuentro demostró que, al menos para la audiencia, las máximas ovaciones ahora también son para el talentoso guitarrista.

Por su parte, Duff McKagan, el otro integrante original, se mostró en un excelente (y envidiable) estado físico provocando que las miradas femeninas, que otrora se posaran sobre Axl, ahora fueran dirigidas al rubio bajista, que además desarrolló una interpretación prolija y precisa en las serpenteantes melodías que ejecutó con su bajo blanco que llevaba el símbolo que inmortalizó Prince.

Duff mejor que hace 23 años
Duff mejor que hace 23 años

El concierto fue una batería de clásicos, una sucesión de temazos que prácticamente no daban respiro. Guns N’ Roses salió al ring con una actitud agresiva y frenética, despejando cualquier duda sobre su capacidad para rockear a esta altura del partido. Después de Double Talkin’ Jive y Better, llegó Estranged – aquel gran tema del Use Your Illussion II – y automáticamente se erizó mi piel. La versión fue magistral y la canté de punta a punta a pesar de su larga duración. Gran momento.

Le siguieron Live and Let Die que encendió el pogo multitudinario – reviviendo lo que sucedió meses atrás con Sir. Paul – Rocket Queen (le costó llegar a Axl) y para You Could Be Mine la locura volvió a desatarse en el campo general, mientras se nos viene a la mente alguna secuencia de Terminator II. A diferencia del 93, Duff no cantó el cover de Attitude sino que esta vez eligió New Rose, ganándose la ovación generalizada. This I Love, junto a Chinese Democracy y Better, fueron las tres canciones seleccionadas de aquel polémico álbum publicado en 2008.

Le siguió Civil War, otro clásico atemporal del UYI II, y después Coma, del UYI I, posiblemente la única canción que hubiese excluido de la lista. Mientras tanto, Axl advertía a la gente del campo vip que se echara hacia atrás y dejara espacio para no quedar asfixiados en la valla de contención.  La famosa canción que musicaliza El Padrino (Speak Softly Love) interpretada en clave rockera por Slash fue el preludio de su máximo clásico: Sweet Child O’ Mine. Ni bien sonaron las primeras melodías del eterno punteo de la intro, el público enloqueció acompañando a Axl Rose en la lírica.

Estadio lleno
Estadio lleno

Todo parecía indicar que Sweet Child O’ Mine iba a ser el punto más álgido de la noche pero rápidamente los Guns N’ Roses redoblaron la puesta y sumaron al histórico Steven Adler, baterista original de la banda que fue despedido en 1990. De repente, un 75% de los miembros fundacionales estaban tocando en River y uno no podía sentirse más privilegiado. Steven se apareció con una enorme sonrisa y la casaca de la selección Argentina.  Al igual que hace 23 años, los conciertos en River volvían a ostentar su carácter de show histórico.

Steven Adler con la albiceleste
Steven Adler con la albiceleste

Axl, Slash, Duff y Steven tocando My Michelle fue la prueba necesaria para confirmar que el rock no morirá jamás. Todos deseamos escucharlo un poco más, pero la realidad es que más no se podía pedir. Mientras despedíamos a Steven que se retiraba besando la camiseta, Axl ya se disponía en el piano para introducirnos en Novermber Rain no sin antes combinar con Slash un hermoso cover de la segunda parte instrumental de Layla, de la que ambos parecían sentirse orgullosos al intercambiar sonrisas de aprobación.

A esta altura, todo aquel que alguna vez se dignó de ser un verdadero gunner se encontraba realmente en un estado de gloria. La banda había vuelto en inmejorables condiciones, siendo una máquina imparable y frenética de rock.

La calurosa noche se hacía sentir mientras sonaba Knocking On Heavens Doors y debo admitir que, comparada con las versiones de estadio de la década del 90, esta vez fue un poco más apagada y escueta. Axl, que tuvo una interacción equilibrada con el público, pidió el coro en el estribillo pero sin extenderlo como hacía hace 23 años atrás, cuando se sorprendía al escuchar la estridente respuesta del público.

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La última canción antes del encore fue Nightrain. Siendo las 12 nos acercábamos a las 3 horas de show ininterrumpido. Sin necesitar de la súplica popular que se traduce en el cantito que ya es un clásico, los Guns N’ Roses volvieron para despedirse con Patience, The Seeker (cover de The Who) y finalmente, tal como nos tiene acostumbrados, Paradise City llegó para el cierre que fue un festival de luces y pirotecnia mientras del escenario emergían miles de papelitos celestes y blancos.

Mientras se despedían en un terremoto eléctrico del rock más visceral que haya escuchado,  yo aplaudía con lo último que me quedaba mientras se cerraba una etapa de mi vida que había comenzado hace 15 años atrás, cuando desilusionado pensaba que no iba a ver una reunión de los verdaderos Guns N’ Roses. Automáticamente dije: “no en esta vida”.

ESTRANGED – GUNS N’ ROSES – RIVER PLATE

WELCOME TO THE JUNGLE – GUNS N’ ROSES – RIVER PLATE

SWEET CHILD O MINE – GUNS N’ ROSES – RIVER PLATE

LISTA DE CANCIONES – SÁBADO 5 DE NOVIEMBRE DE 2016

  1. (Wings cover)
  2. (The Damned cover) (with “You Can’t Put Your Armsmore )
  3. (with “Voodoo Child” outro)
  4. (with band introductions)
  5. (Nino Rota cover)
  6. (Pink Floyd cover) (Slash & Richard Fortus guitar duet)
  7. (“Layla” piano exit intro withmore )
  8. (Bob Dylan cover)
  9. Encore:
  10. (with “Sister Morphine” by The Rolling Stones intro)
  11. (The Who cover)

#ElÚltimoConcierto |GUNS N’ ROSES (con Slash y Duff) EN BUENOS AIRES (17/07/93)

En 1991, Guns N’ Roses se lanzó a la conquista internacional del rock con dos discos publicados al mismo tiempo – Use Your Illusion I y Use Your Illusion II – iniciando una de las giras mundiales más largas y ambiciosas que se hayan llevado a cabo: 192 conciertos en 27 países durante dos años ininterrumpidos. El último recital de aquel World Tour sucedió en Buenos Aires el 17 julio de 1993 y también sería la última vez – al momento – que aquella recordada formación tocaría en un escenario. Aunque haya un posible regreso visible en el horizonte, dicho show cerró el ciclo más glorioso del grupo.

por @GFKArgentina

Todo comenzó y terminó en Sudamérica. Bajo un agobiante calor brasileño, el Rock in Rio de 1991 fue el escenario elegido para el inicio de la aventura rockera que Guns N’ Roses (GNR) emprendió en el Use Your Illusion World Tour. Durante dos años, Axl Rose, Slash y compañía fueron tapa de todas las revistas especializadas del mundo, manteniéndose en el centro de la escena mainstream en los albores de los 90 a partir de los shows descomunales con los que lograron cautivar todos los rincones del orbe.

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La Use Your Illusion World Tour fue una de las giras más ambiciosas que una banda de rock puede hacer. Fuente: http://pepp3rland.tumblr.com/post/45645016096

 

Después de su primera visita a la Argentina en diciembre de 1992, la extensa gira parecía llegar a su fin. Sin embargo, una nueva batería de fechas alrededor del mundo se programaron para la primera mitad de 1993 bajo el nombre de Skin N’Bones Tour. A diferencia de los shows que venían ofreciendo con el Use Your Illusion World Tour, la idea era presentar una discreta puesta en escena y ofrecer algo más descontracturado,  sin demasiada producción, y apostando a un setlist diferente, plagado de canciones interpretadas en versión acústica. Podría decirse que la propuesta era una especie de Unplugged itinerante, aunque también habría lugar para un set eléctrico.

En poco tiempo, GNR volvió a aterrizar en los países donde mayor éxito había conseguido y en esta nueva mini gira solamente incluyó a un país sudamericano con el que además cerrarían su épica gira: la Argentina.

afiche GNR

Usualmente, cuando una banda de estadio visita nuestro país, mejor aprovechar la ocasión porque tal vez pase un considerable tiempo antes de que vuelvan incluirlo – lo mismo les debe pasar a los fans de otros países sudamericanos a excepción de Brasil – en otra gira. Llamativamente, con GNR sucedió todo lo contrario. Tan solo seis meses después de su tan ansiada visita, decidieron repetir Buenos Aires y cerrar, con dos conciertos en el estadio de River Plate, su mini gira (comparada con la kilométrica Use Your Illusion) titulada Skin N Bones Tour.

entrada

A diferencia del extenuante calor de los primeros días de diciembre del 92, ésta vez Axl, Slash, Duff, Gilby Clarke, Matt Sorum y Dizzy Reed llegaron en pleno invierno: los días elegidos fueron el viernes 16 y el sábado 17 de julio, esta última fecha se volvería inesperadamente emblemática con el paso del tiempo. La cautivante sociedad Rose-Slash se despedazaría en la mitad de los 90, aunque pareciera que por estos días, un auspicioso deshielo podría lograr que ambos rockstars vuelvan a pisar un escenario juntos.

Ambos shows tuvieron prácticamente las mismas canciones, y como dato de color, cabe mencionar que en el primero de ellos, mientras tocaban Welcome To The Jungle  hubo un problema con la alimentación eléctrica, y los instrumentos dejaron de escucharse. Por suerte, rápidamente pudieron solucionarlo y terminar el clásico que abre el Appetite For Destruction.

El último concierto de aquella gloriosa etapa de la banda, comenzó el sábado 17 de julio de 1993 con el silbato de la locomotora que llegaba a la estación final con Nightrain de fondo. El estallido del público – sobre todo de la parcialidad femenina – silenció el famoso pitido cuando vieron a la banda emerger del escenario.

Rápidamente Axl salió disparado por las pasarelas, mientras Slash – con la casaca de la Selección nacional y sin la galera – arremetía con sus solos serpenteantes. Al frenético comienzo de Nightrain le siguió Mr. Browstone y Yesterdays – hermoso tema del Use Your Illusion II que no era habitualmente interpretado en los shows – para seguir con Live and Let Die, Attitude, y Welcome to the Jungle.

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La rompió toda.

Un Axl más preocupado y profesional que en sus inicios utilizó al interprete desde el comienzo para pedirle al público que disfrutara del show sin violencia y cuidara de la persona que estaba a su lado. La multitud se mostraba enardecida ante cada acorde de Slash o movimiento del cantante, coreando, pogueando y ovacionando sin parar.

Después de Double Talking Jive, cuya versión en vivo solía extenderse en un desprejuiciado solo aflamencado que Slash interpretaba mágicamente, llegó finalmente el peculiar set acústico con el que innovaba el Skin N Bones Tour. Replicando la vestimenta de Slash, Axl también se calzó la camiseta de la selección argentina y ambos lucíeron la albiceleste, detalle de color que merece ser remarcado debido a que ningún otro recital vistieron camisetas de fútbol de un seleccionado o de algún equipo en particular.

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El show dejó las destellantes luces, y la extravagante puesta en escena se fue diluyendo para encarar una nueva propuesta  descontracturada, lacónica y acústica: los músicos se sentaron, simulando un fogón a su alrededor, con la compañía de sus guitarras criollas para dar comienzo a ese peculiar tramo del concierto que comenzó con el cover stone Dead Flowers y siguió con otra del UYI I, You Ain’t The First.

El público, por su parte, mantuvo un paradójico comportamiento: por un lado, sufrió una nueva advertencia de Axl quien (siempre con el traductor a mano) amenazó con cancelar el show si continuaban los escupitajos que recibía continuamente y dijo, no sin un alto grado de sorna y pisando el pasto, que “así es como se contagia el SIDA” en tono despectivo, y a mi parecer, tildándonos implícitamente de brutos ignorantes. Sin embargo, esa misma multitud “agresiva” era capaz de iluminar el estadio con su encendedor, recreando un paisaje único y esplendoroso que Axl contemplaba mientras entonaba las canciones, con cierto grado de asombro, a pesar de los cientos de escenarios que había pisado en ese año y medio.

Cuando Axl parecía relajarse, un nuevo episodio con algún espectador desubicado volvía a fastidiarlo. Por su parte, Slash parecía disfrutarlo mucho más e incluso, daba la sensación que percibía que esa podía ser su última noche con GNR, porque sinceramente desplegó una performance absolutamente brillante de principio a fin. El otro integrante de la formación original restante, Duff McKagan, lucía sumamente agotado. Incluso exhibía un rostro demacrado y entrado en kilos, a diferencia de los primeros shows donde correteaba vigoroso por el escenario. Tal como relató en el programa premiere fuse, el bajista reveló que pocas semanas después de la gira sufrió una pancreatitis, derivada del abuso de alcohol y drogas, enfrentándose cara a cara con la parca.

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Semanas después del recital, Duff casi muere tras sufrir una pancreatitis

La noche continuó adecuadamente con el set acústico del Lies,  segundo álbum de la banda, incluyendo sus mejores temas: You’re Crazy, la sarcástica y simpática Used To Love Her y el clásico lento Patience – que incluyo algunos tramos de Pinball Wizard (The Who) e Imagine (John Lennon). Miles de gritos ensordecedores se replicaron ni bien Axl empezó a silbar su famosa intro.

Ya un poco más relajado, Axl se reencontró con el público en Knocking On Heavens Door, donde habitualmente el cantante pide la participación de los espectadores.  De hecho, el líder de la banda quedó francamente atónito cuando escuchó el bramido al unísono del “Knock, knock, knocking on heaven’s door” que le devolvió la muchedumbre y solo pudo esbozar, en tono asombrado, un “Yeah” frente a la efusiva respuesta que no se esperó venir.

Además el cover de Bob Dylan, en su versión acústica, contó con una secuencia instrumental liderada por Slash y acompañada por Dizzy Reed que la convirtieron posiblemente en la mejor interpretación jamás realizada por los Guns N’ Roses. La velada siguió con otro clásico romántico: November Rain, comandado por el piano melódico de Axl y un famoso punteo final de Slash que seguramente mojaron a un centenar de jovencitas preadolescentes que vivían su beatlemanía noventosa con GNR. El set acústico cerró con Dead Horse y la pecularidad de ver a Axl Rose empuñando una criolla e intentando seguir a Slash y Gilby Clarke en la melodía del tema.

El habitual solo de batería protagonizado por Matt Sorum sirvió como una intermisión para volver al rock visceral y eléctrico con el cerró aquel histórico concierto: You Could Be Mine, la infaltable Sweet Child O’Mine y como siempre, la retirada con Paradise City. Otro dato de color: para este final, Axl vistió la camiseta del inolvidable Sergio Goycochea, arquero que la selección tuvo en aquellos años, protagonista del Mundial de Italia 90, junto al Cani y el Diego.

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Axl vistiendo la casaca del Goyco!!!

La desgarradora súplica final de Axl “Won’t ya take me home”  con la que termina Paradise City evidenciaba el final de una de las giras más ambiciosas y extensas que una banda rock haya realizado en la historia. Sobre la fría noche porteña, más de 60 mil almas contemplaban aquella gloriosa época de GNR, sin siquiera imaginar que serían privilegiados protagonistas del final de una era. Por estos días, pasados ya más de 20 años, los integrantes originales de Guns N’ Roses parecen haber logrado un acuerdo con Axl y volverán a presentarse nuevamente juntos en el famoso festival de Coachella. Aunque eso efectivamente suceda, difícilmente puedan igualar aquellos recitales de 1993 con los que dieron fin a su ciclo más exitoso.

backstage axl y slash
La última foto que retrata a Slash y Axl juntos. Fue tomada en el backstage, minutos después de la finalización del show.

 

SET LIST

 

 

TRANSMISIÓN DEL RECITAL – TELEFÉ