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Dedicado al viejo y querido Rock progresivo que llevamos en nuestros corazones.

GEORGE MARTIN (1926-2016)

El 8 de marzo, a sus 90 años, el legendario productor de Los Beatles murió en el estertor del invierno británico en Wilshire, lejos de la capital que hace casi un siglo lo vio nacer. Los medios y las redes sociales eligieron, en su gran mayoría, el mote de “quinto beatle” para referenciarlo y muchos lo identificaron así antes  que con su nombre, sin embargo nunca quedó del todo claro quién era ese supuesto quinto integrante ya que dicho apodo también se utilizó para su manager Brian Epstein, así como también a ex integrantes que formaron parte del proyecto inicial como son los casos de Pete Best y Stuart Sutcliffe, sin olvidarnos del gran Billy Preston, único músico que figura en los créditos de composición en una canción de los Fab Four.

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Pero la realidad es que Martin merece un reconocimiento mayor que le escapa a esa polémica mediática de quinto falso integrante que fue mutando con el correr del tiempo. La importancia de su participación con Los Beatles radica en la influencia determinante que tuvo en lo más importante del cuarteto: su música.

Durante su adolescencia se unió al ejercito británico inmerso en la Segunda Guerra Mundial y sirvió a su nación desde diversos lugares pero sin llegar a participar directamente en el enfrentamiento bélico. En 1947, finalizada ya la guerra, decidió alejarse del universo militar para darle una oportunidad a la pasión que lo acompañaba desde niño, sí,  la música.

Asistió a la Escuela Guildhall de Música y Drama, siguiendo con su formación clásica, interesado sobre todo en la música de Rajmáninov y Ravel. Finalizados sus estudios académicos, ingresó en el Departamento de Música Clásica de la BBC para después mudarse a EMI. En 1955, Martín asumió la dirección de Parlophone Records, una pequeña empresa dependiente de EMI que publicaba obras musicales de “menor” repercusión.

Su conducción le valió grandes reconocimientos al lograr numerosos éxitos junto a comediantes como Peter Sellers o produciendo la banda sonora para el programa de David Frost, entre otros muchos aciertos. Sin embargo, el día D de su vida fue el 6 de junio de 1962 cuando conoció a unos discretos pibes de Liverpool que habían sido hábilmente presentados por Brian Epstein. Ese día comenzaba una relación musical que daría marcha a una revolución sonora sin precedentes.

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Martin fue el encargado de pulir y moldear a los florecientes Beatles, el encargado de poner a punto a John, Paul, George y el responsable de rajar a Pete Best para incluir a Ringo Starr y darle vida definitiva al cuarteto más importante del S.XX. Junto a ellos, se subió al universo beatle para redefinir la figura del productor, asignándole un rol influyente y decisivo, capaz de embellecer a la perfección una obra musical.

Tal como escribió Gustavo Santaolalla – productor, compositor y músico argentino, ganador en dos ocasiones del Óscar a la Mejor Banda Sonora – escuchar los discos de Los Beatles obligan a tratar de averiguar cómo se crea un sonido tan único y mágico, y seguramente todos encontrábamos la respuesta en George Martin, después de reverenciar a los Fab Four.

“Entendí que no solo se trataba de tener una buena melodía, un buen estribillo, una intro: comprendí que tenía que ver con mucho más que un buen arreglo y con contar con excelentes intérpretes. Que la suma de todos los elementos, incluidos los sónicos, conformaban parte de algo único, de una experiencia en sí misma: la del arte de hacer discos. El arte de crear récords, archivos, grabaciones que proyectan la creatividad de un artista con su particular estética en su máxima y mejor representación. Capturar en el tiempo y el espacio momentos sonoros mágicos que conforman un todo. Una grabación, un disco. George Martin fue el maestro de eso.

Cómo orientar sin cambiar, cómo mejorar sin adulterar, cómo pulir sin perder frescura, cómo transferir el talento genial de los Beatles a un registro fonográfico insuperable. De él aprendí casi todo. Otros productores, por supuesto, han aportado valiosísimas contribuciones al mundo del disco, pero las de George Martin son incomparables por muchos motivos, entre ellos el haber sido responsable de crear las grabaciones de uno de los artistas más importantes de la historia. Eso fue posible únicamente porque él estaba al mismo nivel creativo que ellos.” señala Santaolalla en una nota que escribió para el diario La Nación en relación a su muerte.

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La sociedad artística de Los Beatles con George Martin fue perfecta y nunca más pudo replicarse una relación similar entre artista y productor. De algún modo, dicho matrimonio artístico fue vital para que se amalgamaran dos conceptos claves en el desarrollo de la música: por un lado, la pasión y creatividad única que tenían Los Beatles, jóvenes que constantemente emanaban una energía inagotable para germinar y descubrir nuevos universos. Y por el otro, el conocimiento aplicado, arquitectónicamente pensado para guiar y ordenar esa energía caótica en una obra armónica y completa.

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“Fue como un segundo padre para mí” dijo Paul MacCartney en un obituario que publicó en su página al conocerse su muerte. La frase dimensiona y refleja perfectamente la intensidad de esa sociedad musical: “es difícil elegir un recuerdo favorito con George, tengo muchos pero uno de los que se me vienen a la mente en este momento fue cuando le mostre Yesterday en una sesión de grabación.  Los muchachos de la banda sugirieron que la cante solamente con la companía de la guitarra. Después de hacerlo, George Martin me dijo: “Paul tengo la idea de agregarle un cuarteto de cuerdas al grabarla”. Le dije, ” No George, somos una banda de rock n’ roll, no creo que sea una buena idea”. Con su estilo tan gentil típico de un gran productor me dijo: “Probemos y si no funciona, lo desechamos y dejamos tu versión tal cual está”.  Acepté y al otro día fuí a su casa para trabajar en el arreglo.

Tomo los acordes que le había mostrado y esparció las notas sobre el piano, poniendo al cello en la octava baja y al primer violín en la octava alta, dándome la pirmera lección sobre cómo las cuerdas se expresaban para un cuarteto. Cuando finalmente lo grabamos en Abbey Road, estaba tan excitado de que era una gran idea que le conté a todo el mundo por semanas. Su idea, obviamente funcionó porque la canción se convirtió una de las canciones más reversionadas de todos los tiempos, incluyendo versiones de Frank Sinatra, Elvis Presley, Ray Charles y mucho más”.

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“George era el hombre correcto para ese trabajo”, dijo por su parte Ringo Starr, el otro integrante de la mitad viva de Los Beatles, remarcando también las infinitas posibilidades creativas que pudieron germinar gracias al trascendental aporte de George Martin.

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Sinceramente, el legado que nos dejó George Martin podría extenderse unos cuántos párrafos más, sin embargo es mejor reconocerlo en la sutileza de las melodías, en la arquitectura de los discos de Los Beatles, en los instrumentos atípicos que suenan en sus canciones, en la música que, definitivamente, nos cambió a todos para siempre.

 

 

 

FUENTES

 

 

 

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Te vi en el lado oscuro de la luna

El guitarrista y compositor inglés, ex integrante de Pink Floyd, visitó la Argentina por primera vez en el marco de la gira mundial con la que se encuentra promocionando su reciente cuarto álbum solista titulado Rattle That Lock.  Más de 70 mil personas vibraron en un concierto memorable, pese a la desastrosa organización que provocó infinidad de inconvenientes a la gran mayoría de los asistentes.

por @GFKArgentina

#YouWouldNotUnderstand

El primer punto flojo que tiene esta humilde crónica es la imposibilidad de poder contar determinadas sensaciones del recital: ¿Cómo puedo describirte, explicarte o transmitirte lo que se siente cuando escuchas la primera nota aguda que la guitarra de David Gilmour desprende al éter, frente a un océano de personas que se estremecen cuando lo reciben?

Tampoco se cómo expresarte mi furia contenida contra los organizadores del show. El estado de rabia y desesperación al que nos someten, los mafiosos que se defecan en una muchedumbre que cada vez aguanta menos la basureada para que finalmente la bomba estalle en una próxima ocasión.

Posiblemente solo los que asistieron pueden empatizar con estas dos grandes sensaciones y al resto solo queda decirles: “I can’t explain, you would not understand”,  así que mejor hablemos de Gilmour.

#Gilmour

Debido a motivos que explicaré más adelante, el show se retrasó unos cuantos minutos y comenzó cerca de las 21.30, mientras todavía ingresaban hordas de fans por la pequeña puerta de ingreso. Afuera del Hipódromo reinaba el caos (algunos comentarios en las redes sociales también señalan que hubo serios disturbios en la zona de los palcos) pero una vez dentro me encontré con ambiente típico de show europeo. Por lo menos en el sector del campo. El césped, para empezar, era un colchón acogedor e invitaba a sentarse. Allí mientras uno comenzaba a distenderse un poco, contemplaba un gigantesco recinto, imposible de dimensionar. Ya habían ingresado miles de personas y aún así podías caminar libremente sin tener que andar esquivando bultos. Allá, más cerca del lejano escenario, había una multitud excitada que ya empezaba con los cánticos. Un pibe que pasó por al lado mío, le decía a otro – seguramente bajo el efecto de algún alucinógeno -, “boludo, parece un campo de batalla”   y la verdad es que, en algún punto, te sentías un escocés de Mel Gibson (?) listo para ir a ensartar ingleses.

El público optó por dos caminos: algunos encaraban con frenético trote hacia el frente de batalla para poder llegar al escenario y tener lo más cerca posible a David y otros preferían sentarse a comer o tomar algo, fumarse un churro o charlar un rato antes de alinearse al universo floydeano.

Shan Ishidro
Shan Ishidro

En ambos extremos del campo, se extendían una serie de locales gastronómicos, sobresaliendo los de El Noble y Frigor, stands inusuales en un recital de rock. Después de engullirme un paty de jamón y cheddar, me dispuse a ubicarme en el medio del campo. No tenía la más remota idea de cuanta gente podía albergar el Hipodrómo de San Isidro pero cuando observé la cinco pantallas de considerable tamaño establecidas a lo largo y ancho del recinto que dependían de una circular más grande ubicada en el centro del escenario, caí que eramos muchos más de los que yo pensaba.

Sin la parafernalia de los megaconciertos que arrancan con un festival de luces y pirotecnia, Gilmour salió a escena sigilosamente, casi imperceptible y desde el primer minuto dejó en claro que las protagonistas de la noche iban a ser sus bendecidas manos . Con su típica sobriedad inglesa, las pantallas HD retrataron su avejentado rostro que expresaba total concentración. Al igual que en el resto de la gira, volvió a elegir 5.A.M para presentarse, tema instrumental que abre su última producción Rattle That Lock.

Rattle Tha Lock
Rattle That Lock (2015)

Siguiendo la lógica de su flamante disco, la segunda canción fue la homónima, que despertó un acertado show de luces y dio pie a la banda para que se sume al concierto. Mientras Gilmour se aclimataba en el escenario, las pantallas proyectaban animaciones con la esencia del brillante arte visual y conceptual típico de los tiempos de Floyd. La acertada puesta en escena, no sólo se quedó en ponchar a los músicos, sino que tuvo un rol determinante cuando se proyectaron clips rompecabezas, que sumados a la música, realmente te trasladaban fuera de este mundo. Brillante detalle.

Gilmour en Argentina
Gilmour en Argentina

La trilogía inicial del álbum se completó con Faces of Stone. Los tres temas sonaron convincentes, con el sello inconfundible de Gilmour, y fueron teloneros del primer clásico de Pink Floyd: Wish You Were Here.

Solo con la guitarra acústica, los primeros acordes despertaron una ovación ensordecedora y su interpretación estremeció a las 70 mil almas que escuchaban en vivo por primera vez en nuestro país, semejante gema del disco homónimo publicado 1975.

Fue el momento justo para dirigirse por primera vez al público con un cálido saludo que fue contestado con una reverencial ovación y su humilde respuesta fue “You’re too kind” (son demasiado amables).

Gilmour
Gilmour

Después vinieron dos canciones más de su carrera solista, entendiendo que Wish You Were Here, era un claro guiño para calmar a los ansiosos que esperaban que toque los clásicos. Fue una manera de decir,”tranqui, escuchen estos temas, que después van a tener lo que vinieron a escuchar”.

Lógicamente, así sucedió. Dos descomunales interpretaciones de Money y Us and Them para sobrevolar el Dark Side Of The Moon, el disco más emblemático del cuarteto británico.Es hora también de mencionar a su elenco de músicos, quienes estuvieron a la altura de las circunstancias: Phil Manzanera (ex Roxy Music), Guy Pratt (bajista que ocupó el lugar de Waters cuando se fue de Pink Floyd), Jon Carin  (otro colaborador de Pink Floyd), Kevin Mcalea (en teclados), Steven Distanislao (batería), Joao Mello (saxo), Brian Chambers y Lucita Jules, en coros.

El primer set, mientras una fresca y suave brisa caía sobre el Hipodrómo, cerró con High Hopes, del disco The Division Bell (1994). Sin dudas, otro momento épico de la noche. El sonar de las campanas y el piano de la intro todavía resuenan en mi mente. Vuelvo a subrayar que el sonido fue impecable. Además, la canción fue acompañada por su video oficial que es realmente una obra maestra de aquella época en que los videos musicales tenían un sentido artístico.

Bajo una tormentosa lluvia de aplausos, el bueno de Dave dijo que se tomarían un breve receso y sin decir más, se retiró del escenario. No dudé en sentarme en el césped y esperar ansiosamente el segundo set, mientras observaba los aviones que cada 5 minutos sobrevolaban por el Hipódromo. Cada tanto, era interrumpido por los daños colaterales de la bochornosa organización que se evidenciaban cuando se aproximaban caras confundidas a preguntarte a qué hora había arrancado.

La primera vez
La primera vez

Por suerte la vuelta de Gilmour fue bien psicodélica, y además del tácito homenaje a Syd Barrett, también significó asumir que Pink Floyd es una banda mayúscula desde su aparición cuando en 1967 sorprendieron al mundo con The Piper At The Gates Of Dawn, disco que cuenta con un nivel de innovación que nada tiene para envidiarle al otro álbum de ese año, el Sgt. Peppers de The Beatles. A pesar de no haber participado en aquel período, Gilmour la descoció toda tocando Astronomy Domine.

Seguidamente, mientras todavía nos recuperábamos del sonido lisérgico y experimental, David arremete con Shine On You Crazy Diamond (Parts I-V) para dejarnos completamente de la nuca. Aquí también se proyecta un delicioso vídeo, reflejando otro momento cargado de emotividad. Gilmour no necesitó decir nada. No necesitó ni siquiera nombrar a Barrett. La música era el único lenguaje que estaba dispuesto a compartir.

Volvió a colgarse la acústica para entonar un Fat Old Sun con voz arenosa y así bajar un poco la locura. Fue el único tema de aquella transición post Barrett y previa al Dark Side Of The Moon.  Le siguió Coming Back To Life y después volvió a su carrera solista primero con otra canción del disco que vino a promocionar, The Girl In The Yellow Dress, una simpática melodía jazzera que queda perfecta a su tono de voz, para después pasar a Today – también de Rattle That Lock– y Sorrow. Recién para el final dejó algo de The Wall y liquidó la segunda tanda con Run Like Hell, cuya versión, a mi humilde modo de ver, superó a la entregada por Roger Waters en sus colosales recitales brindados en River durante 2012.

El famoso encore con el que se despidió fue el insuperable tándem de clásicos: Time/Breathe (reprise) y como no podía ser de otra manera, Confortably Numb para que la multitud gritara a voz rasgada la letra completa y se deleitara con el eterno solo de Gilmour, que hizo todo bien, y demostró, por si cabía alguna duda, que es uno de los mejores guitarristas que vamos a escuchar en nuestras vidas.

La gente se retiró satisfecha. Feliz de haber emprendido un viaje musical de dos horas y media que nos hizo olvidar de la odisea que fue la pésima organización y nos trasladó a otra dimensión, posiblemente, al lado oscuro de la luna.

#LaOdisea

Voy a dejar lo peor para el final.  Por suerte, estuve leyendo y escuchando una catarata de insultos hacia la organizadora del evento FullTicket Argentina que se cagó en todos los clientes e hizo todo lo posible para arruinarnos un recital histórico que solo el bueno de David Gilmour podía salvar.

Llegar al Hipódromo de San Isidro constituyó una verdadera odisea. Todos los accesos estaban sobrecargados, y rodeando el famoso hipódromo, los organizadores ni siquiera cortaron las avenidas principales, es decir que además del tráfico constante de viernes por la tarde, se sumaron 70 mil personas queriendo ingresar en hora al recital.

Posiblemente la mayor estafa fue la compra del estacionamiento al que era complicado acceder por el tráfico y que además, una vez terminada la función, quedó liberado al desorden de todos los que querían retirarse de allí.

No quedó ningún empleado de FullTicket, quienes temiendo la furia de la multitud, no tuvieron mejor idea que escaparse y dejar todo librado al azar. Una imagen muy elocuente de este hecho se podía observar mientras, a paso de zombie, salías del estadio y veías todos los cortes de los tickets desparramados por el suelo sin poder avistar a ningún organizador.

Esperemos que nadie más sea estafado por estos mafiosos y que empecemos a exigir el respeto y la atención que nos merecemos en eventos multitudinarios en los que es cada vez más habitual este tipo de atropellos que no deben ser tolerados.

SET LIST

First set: 5 A.M., Rattle That Lock, Faces Of Stone, Wish You Were Here, A Boat Lies Waiting, The Blue, Money, Us And Them, In Any Tongue, High Hopes.
Second set: Astronomy Domine, Shine On You Crazy Diamond, Fat Old Sun, Coming Back To Life, The Girl In The Yellow Dress, Today, Sorrow, Run Like Hell
Encore: Time / Breathe (reprise), Comfortably Numb.

“MONEY” & “US AND THEM” – DAVID GILMOUR – ARGENTINA 2015

SHINE ON YOU CRAZY DIAMOND – DAVID GILMOUR – ARGENTINA 2015

CONFORTABLY NUMB – DAVID GILMOUR – ARGENTINA 2015

RATTLE THAT LOCK – DAVID GILMOUR – ARGENTINA 2015

The Opera Show

Steve Hackett, legendario guitarrista inglés que supo formar parte de la alineación dorada de Genesis entre 1971 y 1977, desembarcó en Argentina para revivir las joyas de aquel momento cumbre del rock progresivo con dos shows en el Teatro Ópera de Buenos Aires, que se inscriben en el marco de su gira mundial titulada “Genesis Extended”.

por @GFKArgentina | Gabriel F. Keena

Uno tiende automáticamente a tentarse en rebuscadas sospechas con este tipo de recitales. Se autointerroga si no estarán muy viejos ya, o conjetura acerca del grado de decrepitud puede llegar a tener el visitante, teniendo en cuenta que la mayoría de estos héroes del pasado andan merodeando entre los 60 y 70 años. Uno suele refugiarse en el prejuicio de que vienen a robar, a sacarnos la guita a los sudacas y los reforzamos al punto de justificar la negativa a desenfundar la tarjeta de crédito para comprar la entrada.

Me ha pasado en algunas ocasiones, pero decidí revisar esa actitud y empecé a ser más optimista. Así fue que disfruté plenamente la visita de Yes en 2013 en la que, junto con Pablo escribimos una humilde crónica del show (que pueden leer aquí), mientras que el jueves 12 de marzo, asistí a la visita de un apellido mayúsculo del género que denominamos rock progresivo.

Nunca había ido al histórico y prestigioso Teatro Ópera y ni bien subí sus largas e imponentes escalinatas, me di cuenta que era un lugar apropiado para ver a Hackett.  El recinto se caracteriza por tener una disposición de las plateas similar a un gigantesco cine, ya que no cuenta con butacas ni sectores para observar el show en los laterales. Ubicado en en las alturas del Superpullman, me senté para remitirme a la gloriosa época del Genesis progresivo.

Un nuevo Extended Tour que le agradecemos a Hackett
Un nuevo Extended Tour que le agradecemos a Hackett

Previo al show, una banda de rock autóctona hizo lo suyo y tuvo el honor de prologar musicalmente la visita del guitarrista británico que, unos minutos después de las 21, apareció en escena junto a su banda mientras de fondo sonaban instrumentos de cuerdas con estilo netamente clásico. El público aplaudió fervientemente y las luces lo buscaron a él. Ya estaba armado y preparado. Colgaba de una majestuosa Gibson Les Paul dispuesta a disparar melodías extravagantes propias de un género ambicioso que tuvo su apogeo durante el primer lustro de la década del 70. La ovación recorrió todo el teatro y ocupo el tiempo necesario para que los músicos se ubicaran en sus respectivos lugares.

En la cola, mientras esperabamos junto a Pablo para ingresar al teatro, le mencioné que hacía mucho que no escuchaba el álbum A Trick Of A Tail (1976). Era jueves y la semana había sido ardua, calurosa y densa. Me encontraba agobiado y el recital llegó justo para poder relajarme y escaparme de la esclavizante rutina. Mientras enfilaba hacia mi butaca, pensaba “ojalá que toqué algo de A Trick Of A Tail”.

Steve Hackett comenzó el show con un solidario guiño hacia mis deseos auditivos ya que arrancó con Dance On a Volcano, tema que abre el mencionado álbum editado por la banda en 1976, el primero post Peter Gabriel cuando eran un cuarteto integrado por Phil Collins (batería y voz), Tony Banks (teclado, sintetizadores, piano, guitarra), Mike Rutherford (bajo y guitarra) y Steve Hackett (guitarra principal).


Después le siguió Squonk, descomunal canción que le sigue a Dance On a Volcano y que, lógicamente también es del mismo disco. Inmejorable arranque.

Bajo la lluvia de aplausos después de la arremetida inicial, Hackett profirió algunas palabras de salutación y agradecimiento en un más que aceptable español y dedicó la siguiente canción a la memoria de Nacho, músico argentino que formó parte de una famosa banda tributo a Genesis denominada Rael.

“Can you tell me where my country lies?”, se escuchó en la voz de Nad Sylvan, el cantante de esta gira que tiene la exigente responsabilidad de corresponder su canto con dos voces muy particulares como la de Gabriel y Collins, sobre todo en las complejas melodías vocales extravagantes de aquel período. Sylvan lo hace bien, su voz firme no desentona y se afinca con personalidad sobre el escenario con su look medio bizarren de larga cabellera rubia y una estética medio glam rock ochentosa. Dancing with the Moonlit Knight es una canción emblemática que da inicio a uno de los discos más importantes del rock progresivo cuyo renombrado título es Selling England By The Pound (1973).

Hackett realmente se luce con los solos de raigambre metalera así como también en los espacios de pausa que versan sobre una melodía más conciliadora y reflexiva, más propios del estilo clásico británico demostrando ser un versátil compositor así como también dejando en claro que su influencia en ese descomunal disco fue realmente decisiva y bien puede servir como una verdadera muestra del talento de este distinguido guitarrista nacido en Londres.


En la extensa producción solista de Hackett existe una perla oculta que es un DVD publicado en 2002 en el que documenta su última visita a la Argentina y se intitula Somewhere in South America: Live in Buenos Aires. Largos años pasaron para que volviera a interpretar en suelo argentino otro clásico del Selling England como es Firth Of Fifth con su inmortal introducción en el piano que ejecuta excelentemente Roger King.

La banda que acompaña a Hackett se completa con un demencial baterista como Gary O’Toole (recaudó una larga ovación de los espectadores), la presencia de Rob Townsend ocupando el rol de multi-instrumentista además de Lee Pomeroy, encargado de recrear las melodías de Rutherford en bajo y guitarra.

Hubo tiempo para revisitar también otra gran obra como Nursery Cryme (1971). La selección me pareció acertada: The Return Of The Giant Hogweed, The Fountain Of SalmacisThe Musical Box, ésta última se llevó una ovación que provocó que todo el teatro se pusiera de pie y se escucharan fuertes alaridos que Hackett debió interpretar como sentidas reverencias.

Llegó una calmada pausa cuando tomó la guitarra acústica para desplegar dos piezas netamente instrumentales que hipnotizaron a las miles de almas que presenciaron el show. Después de aplaudir hasta el hartazgo, y teniendo en cuenta que tenía la acústica en sus manos, deseé que empezarán a sonar los eternos acordes de Blood On The Rooftop pero ese deseo no se correspondió. Una verdadera lástima que no haya interpretado canciones de ese grandioso y último disco en el que participó que lleva por nombre Wind and Wuthering (1976), la última obra del período progresivo de Genesis antes de conformarse en un exitosísimo trío de música pop.

Continuó con I Know What I Like (In your Wadrobe) y los músicos se soltaron par dar paso a una improvisación instrumental jazzera con tremendos solos del genial Hackett, que seguían el acompañamiento de las palmas.

También fue mechando algunas composiciones propias que no desentonaron en el repertorio de Genesis y sobre el final se despachó con algunos clásicos de la primera época  como son The Knife y la monumental, excéntrica y desproporcionada Suppers Ready que dura más de 20 minutos. Sinceramente sorprendió a más de uno la interpretación de esa canción-disco que habitualmente, por su duración, son descartadas para tocarlas en vivo.

Volvió para dar la estocada final con Los Endos y remitirse nuevamente al principio del show recayendo en el último tema de A Trick Of A Tail.

Por más de dos horas, pude finalmente palpar de cerca y estremecerme con las descomunales obras que Genesis regaló al mundo durante este período en el que Hackett participó como guitarrista y compositor. Y eso sucedió gracias a Steve, y su acertada decisión de volver sobre estas joyas que permanecieron prácticamente ocultas y desestimadas cuando el grupo apostó por el pop, en la década del 80. Gabriel, por su parte, conformó un sólida carrera solista y en sus giras casi nunca da lugar a las canciones de la banda que supo liderar. Solo nos queda Steve Hackett. Un artesano de bellas melodías. Siempre tan prolijo, cuidado, sobrio, británico. Me parece bien que sea él, el responsable o el inesperado encargado de mantener ese patrimonio que forma parte de un movimiento musical con el que el rock supo explorar sus máximas posibilidades artísticas. Pero tal como dice uno de sus clásicos “The sands of time were eroded by
the river of constant change”.