Archivo de la categoría: Por qué se te pega una canción

Santiago Franco descubrió su propia FM, “una donde sólo suenan los temas que algo me mueven: ya sea alegría, dolor, ganas de bailar o tristeza. Desde ya que es una FM que no se mueve por los estándares de ‘actualidad’ que marcan la agenda de los medios y las presentaciones de los artistas, pero considero que existe en mi FM cierta actualidad afectiva propicia para bucear una y otra vez en la pregunta: ¿Por qué se me pegó ésta canción?”

#HoySeMePegó AstroBoy – Las Pelotas

por @TarotFranco

Canción perfecta para concebir una criatura. Si esa afirmación les parece rara, lean la del bocha Sokol: “éste fue nuestro primer tema electrónico y robótico”; aunque el sonido de la canción no tiene nada que pueda ser tildado de ese modo. Pero, por más que al final no lleguemos a ningún lado, vamos despacio para que nadie se pierda en el camino.

El tema se llama Astroboy y la frase que más resuena en él es “if you need an animal, call my name”. ¿Cómo unir esas dos ideas? ¿Por qué en la historia de Astroboy se necesitaría un animal y qué tiene que ver eso con el llamado de un nombre?

En la primera escena de la serie de manga y anime japonesa  vemos a un grupo de científicos liderados por el Dr. Tenma, ‘padre’ de Astroboy, fracasar en su intento de crear un robot con alma.

¿Qué implicaría que un robot tenga alma? Desde hace miles de años, tanto la filosofía como también la religión y la ciencia se han preguntado por aquello que anima a lo viviente, ya sean plantas, animales o seres humanos. Por tanto, un alma ha sabido ser aquello que funciona como principio del movimiento de un determinado cuerpo: quien escribe tiene un alma capaz de mover los dedos que presionan las teclas que escriben este artículo. En cambio, la computadora donde es escrito el artículo recibe el movimiento desde fuera de sí misma: hay unos dedos que accionan sus teclas y un programa que determina lo que ha de suceder a partir de esas presiones. Toda máquina carece de un principio motor que le sea propio, aunque los robots, debido a la complejidad de sus movimientos, nos den a veces la impresión contraria.

Se hace evidente el desafío y la paradoja de querer construir un robot animado, o en dos palabras: inteligencia artificial. Ya sabemos entonces porqué el Dr. Tenma necesita que su robot sea un animal, “if you need an animal”.

Para resumir el argumento de la serie: al crear un niño robot el Dr. Tenma busca recuperar a su hijo muerto en un  accidente de tránsito, y así enfrenta el desafío de “educar” una pieza de tecnología como si fuera un ser humano. “Ven hijo” son las primeras palabras que el Dr. Tenma le dirige a Astroboy, además de llamarlo por el nombre de su difunto hijo Toby, dándole así un nombre propio. Las máquinas no suelen recibir nombres propios, sino nombres genéricos. En mi casa tengo dos perros, “Gerardo” y “El Negro”, pero si tuviera dos licuadoras, las dos se llamarían igual: licuadora. Astroboy pareciera entonces estar en vías de abandonar su carácter de mero dispositivo electrónico. De hecho, el famoso Terminator encarnado por el gobernador de California , es el nombre genérico de todo cyborg asesino que aparece en la saga.

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Sin embargo, los problemas que conlleva criar a un niño robot en el marco de una sociedad, rápidamente enfrentan a Toby y a su padre: “tú no eres mi hijo, no me llames papá”. Toby conserva su nombre pero pronto le es negada su filiación. Por más vivo que parezca, nunca hemos considerado que un robot esté vivo ni que tenga ascendencia viviente. Por tanto, el nombre ‘robot’ se reserva para esos seres cuyo destino es un imposible: deben llegar a ser lo que nunca serán, son el intento de que lo artificial devenga natural.

Los desesperados y siempre insuficientes intentos de Astroboy por ser aquello que no es, nos conmoverán tanto como la deficiente lírica[1] y pronunciación de Sokol en una lengua que no es la suya. Como Sokol en este tema, el robot nunca consigue presentarnos de modo completamente acabado aquello que se dispone a representar, pero lejos de ser ello una carencia, es allí donde radica la potencia que en ambos casos nos fascina.

Concebir una criatura, darle existencia a algo hasta entonces inexistente, nunca puede ser del todo perfecto porque es siempre aquello que escapa a nuestros cálculos, pero que de todos modos intentamos calcular. Vivimos así en la era de la robótica, la era del errado cálculo de la existencia. Y si mis cálculos no fallan, les aseguro que si estoy en presencia de un ser muy querido (de esos con los que te acaricias mucho mucho) y suena el octavo tema de este disco:  Me dan ganas de ser un animal mientras llaman mi nombre.

[1] Todavía no consigo que alguien me confirme de manera concluyente que la frase “your foot still walks away” significa algo en inglés.

#HoySeMePegó: La Lanza -Babásonicos

por Santiago Franco |  @TarotFranco

Entre los muchos malabares que supe aprender en mi vida, uno es el de hablar o escribir acerca de la música.  Hasta llegué a ser considerado periodista de cultura y escribir en un medio gráfico. Sin embargo, desde los 15 o 16 años que no me esfuerzo por ejercitar el hábito de buscar “nueva música”. En un principio vi esta actitud como un defecto para quien practica dicha profesión, pero con el pasar del tiempo y como muchas cosas en mi vida, resultó ser sencillamente el modo en que dejo que esas experiencias me atraviesen. Años más tarde comencé a practicar cierta escucha de nuestra conciencia, esa que desde el pecho empuja y nos hace canturrear alguna melodía. Descubrí allí  mi propia FM, una donde sólo suenan los temas que algo me mueven: ya sea alegría, dolor, ganas de bailar o tristeza. Desde ya que es una FM que no se mueve por los estándares de ‘actualidad’ que marcan la agenda de los medios y las presentaciones de los artistas, pero considero que existe en mi FM cierta actualidad afectiva.

Hoy se me pegó “La lanza” de Babasónicos, y escribo porque ya más de una persona querida colaboró para pegármela.

Qué es “La lanza”. Una respuesta no demasiado rebuscada nos reenvía al evangelio de San Juan donde un anónimo soldado romano utiliza una lanza para rematar a un maltrecho Jesús. Sí querido rocker, ese mismo soldado que a Calamaro le dijo que “no se puede vivir del amor”, porque Cristo es amor, ¿cachai?

Intenta vivir sólo del amor y serás atravesado por la lanza imperial.

Pero el Jesús de los evangelios no es tan zonzo como Andrés nos lo pinta: antes de terminar en la cruz él ya dijo “dadle al Cesar lo que es del Cesar”.

¿Habrá sido la presión estatal demasiada para el querido Jesús? ¿Tan punzante que se le clavó en el costado, como el tiempo a los Rolling? Pareciera que ser consciente del paso del tiempo es ser consciente de esta herida: time is on my side, yes it is- aúlla Jagger.

Cierta canción como una lanza viene a revolver esa vieja herida que con el pasar del tiempo no sana, y el repaso incesante nuevos-viejos rostros en tu cabeza, y el canturreo nuevas-viejas melodías son la evidencia materializada de que vos también sangrás por la herida.

¿Alguna vez se sanará esa herida, esa mitad de lanza que nos dejaron clavada? Yo creo que no, y creo que no lo hará jamás porque esa herida (que reconozco también está en mí) es más grande que yo. Como una parte que es más grande que el todo que somos, quien no dejase transitar fluidamente esa infinita otredad que nos atraviesa, al menos con un tímido tarareo o con los espasmódicos bailes de Dárgelos, puede no salir bien de ese trance. La necedad yoica que bailando pasa  frente a “The Lighthouse Chapel” y se resiste por todos los medios a relacionarse con el Otro “no voy a quejarme, no voy a llorar y no voy a unirme a tu club, aunque me clavés la otra mitad”, no tiene más salida que su propia implosión.

Desde esta perspectiva, la famosa frase de Nietzsche cobra un nuevo matiz: “Sin música la vida sería un (grave y explosivo) error”.

Si no entendiste de qué corno está hablando éste: mirate el video que es más elocuente que yo: