Archivo de la categoría: Knocking on Heaven’s Door

Aquí lloramos a los ídolos que se van quedando en el camino. Obituarios para mantenerlos siempre en el recuerdo y no olvidar quiénes fueron y cuánto le dieron al Rock. R.I.P

GEORGE MARTIN (1926-2016)

El 8 de marzo, a sus 90 años, el legendario productor de Los Beatles murió en el estertor del invierno británico en Wilshire, lejos de la capital que hace casi un siglo lo vio nacer. Los medios y las redes sociales eligieron, en su gran mayoría, el mote de “quinto beatle” para referenciarlo y muchos lo identificaron así antes  que con su nombre, sin embargo nunca quedó del todo claro quién era ese supuesto quinto integrante ya que dicho apodo también se utilizó para su manager Brian Epstein, así como también a ex integrantes que formaron parte del proyecto inicial como son los casos de Pete Best y Stuart Sutcliffe, sin olvidarnos del gran Billy Preston, único músico que figura en los créditos de composición en una canción de los Fab Four.

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Pero la realidad es que Martin merece un reconocimiento mayor que le escapa a esa polémica mediática de quinto falso integrante que fue mutando con el correr del tiempo. La importancia de su participación con Los Beatles radica en la influencia determinante que tuvo en lo más importante del cuarteto: su música.

Durante su adolescencia se unió al ejercito británico inmerso en la Segunda Guerra Mundial y sirvió a su nación desde diversos lugares pero sin llegar a participar directamente en el enfrentamiento bélico. En 1947, finalizada ya la guerra, decidió alejarse del universo militar para darle una oportunidad a la pasión que lo acompañaba desde niño, sí,  la música.

Asistió a la Escuela Guildhall de Música y Drama, siguiendo con su formación clásica, interesado sobre todo en la música de Rajmáninov y Ravel. Finalizados sus estudios académicos, ingresó en el Departamento de Música Clásica de la BBC para después mudarse a EMI. En 1955, Martín asumió la dirección de Parlophone Records, una pequeña empresa dependiente de EMI que publicaba obras musicales de “menor” repercusión.

Su conducción le valió grandes reconocimientos al lograr numerosos éxitos junto a comediantes como Peter Sellers o produciendo la banda sonora para el programa de David Frost, entre otros muchos aciertos. Sin embargo, el día D de su vida fue el 6 de junio de 1962 cuando conoció a unos discretos pibes de Liverpool que habían sido hábilmente presentados por Brian Epstein. Ese día comenzaba una relación musical que daría marcha a una revolución sonora sin precedentes.

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Martin fue el encargado de pulir y moldear a los florecientes Beatles, el encargado de poner a punto a John, Paul, George y el responsable de rajar a Pete Best para incluir a Ringo Starr y darle vida definitiva al cuarteto más importante del S.XX. Junto a ellos, se subió al universo beatle para redefinir la figura del productor, asignándole un rol influyente y decisivo, capaz de embellecer a la perfección una obra musical.

Tal como escribió Gustavo Santaolalla – productor, compositor y músico argentino, ganador en dos ocasiones del Óscar a la Mejor Banda Sonora – escuchar los discos de Los Beatles obligan a tratar de averiguar cómo se crea un sonido tan único y mágico, y seguramente todos encontrábamos la respuesta en George Martin, después de reverenciar a los Fab Four.

“Entendí que no solo se trataba de tener una buena melodía, un buen estribillo, una intro: comprendí que tenía que ver con mucho más que un buen arreglo y con contar con excelentes intérpretes. Que la suma de todos los elementos, incluidos los sónicos, conformaban parte de algo único, de una experiencia en sí misma: la del arte de hacer discos. El arte de crear récords, archivos, grabaciones que proyectan la creatividad de un artista con su particular estética en su máxima y mejor representación. Capturar en el tiempo y el espacio momentos sonoros mágicos que conforman un todo. Una grabación, un disco. George Martin fue el maestro de eso.

Cómo orientar sin cambiar, cómo mejorar sin adulterar, cómo pulir sin perder frescura, cómo transferir el talento genial de los Beatles a un registro fonográfico insuperable. De él aprendí casi todo. Otros productores, por supuesto, han aportado valiosísimas contribuciones al mundo del disco, pero las de George Martin son incomparables por muchos motivos, entre ellos el haber sido responsable de crear las grabaciones de uno de los artistas más importantes de la historia. Eso fue posible únicamente porque él estaba al mismo nivel creativo que ellos.” señala Santaolalla en una nota que escribió para el diario La Nación en relación a su muerte.

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La sociedad artística de Los Beatles con George Martin fue perfecta y nunca más pudo replicarse una relación similar entre artista y productor. De algún modo, dicho matrimonio artístico fue vital para que se amalgamaran dos conceptos claves en el desarrollo de la música: por un lado, la pasión y creatividad única que tenían Los Beatles, jóvenes que constantemente emanaban una energía inagotable para germinar y descubrir nuevos universos. Y por el otro, el conocimiento aplicado, arquitectónicamente pensado para guiar y ordenar esa energía caótica en una obra armónica y completa.

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“Fue como un segundo padre para mí” dijo Paul MacCartney en un obituario que publicó en su página al conocerse su muerte. La frase dimensiona y refleja perfectamente la intensidad de esa sociedad musical: “es difícil elegir un recuerdo favorito con George, tengo muchos pero uno de los que se me vienen a la mente en este momento fue cuando le mostre Yesterday en una sesión de grabación.  Los muchachos de la banda sugirieron que la cante solamente con la companía de la guitarra. Después de hacerlo, George Martin me dijo: “Paul tengo la idea de agregarle un cuarteto de cuerdas al grabarla”. Le dije, ” No George, somos una banda de rock n’ roll, no creo que sea una buena idea”. Con su estilo tan gentil típico de un gran productor me dijo: “Probemos y si no funciona, lo desechamos y dejamos tu versión tal cual está”.  Acepté y al otro día fuí a su casa para trabajar en el arreglo.

Tomo los acordes que le había mostrado y esparció las notas sobre el piano, poniendo al cello en la octava baja y al primer violín en la octava alta, dándome la pirmera lección sobre cómo las cuerdas se expresaban para un cuarteto. Cuando finalmente lo grabamos en Abbey Road, estaba tan excitado de que era una gran idea que le conté a todo el mundo por semanas. Su idea, obviamente funcionó porque la canción se convirtió una de las canciones más reversionadas de todos los tiempos, incluyendo versiones de Frank Sinatra, Elvis Presley, Ray Charles y mucho más”.

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“George era el hombre correcto para ese trabajo”, dijo por su parte Ringo Starr, el otro integrante de la mitad viva de Los Beatles, remarcando también las infinitas posibilidades creativas que pudieron germinar gracias al trascendental aporte de George Martin.

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Sinceramente, el legado que nos dejó George Martin podría extenderse unos cuántos párrafos más, sin embargo es mejor reconocerlo en la sutileza de las melodías, en la arquitectura de los discos de Los Beatles, en los instrumentos atípicos que suenan en sus canciones, en la música que, definitivamente, nos cambió a todos para siempre.

 

 

 

FUENTES

 

 

 

DAVID BOWIE (1947-2016)

por Roque Casciero | @roquecasciero | La nota fue publicada originalmente en la página web Silencio, el 11 de enero de 2016. Link: http://www.silencio.com.ar/etc/4443/david-bowie-el-mas-grande-entre-los-grandes/

David Bowie, el más grande entre los grandes

Se fue el artista mayor de la historia del rock. Así de simple, así de contundente, así de doloroso. Ningún otro logró por sí solo la dimensión única, inalcanzable, de este hombre que cayó a la Tierra con el poder de transformar a varias generaciones gracias a las canciones, a su imagen en permanente metamorfosis, a su mirada siempre vanguardista, a su facilidad para construir donde no había más que desierto. La influencia de David Bowie no es sólo una cuestión musical: todo su ser está metido en la cultura popular para siempre. Es imposible imaginar cómo sería el mundo si él no hubiese existido. El uso de lo audiovisual como herramienta revolucionaria, la moda como forma de expresión, las semillas de la creación plantadas en millones de personas, la potencia de un mensaje liberador, los cruces de géneros y subgéneros con una naturalidad pasmosa, la forma de asumir el estrellato pop sin dejar de ser un artista de culto… Y el rock, claro. EL ROCK.

Tomemos 1977. No es un año elegido al azar, obviamente, pero tampoco es el único en la carrera de Bowie con un impacto tan enorme. En sólo 12 meses, no sólo ayudó a su amigo Iggy Pop a darle forma (como productor y co compositor) a sus primeros pasos como solista, con los notables The Idiot y Lust for Life, sino que publicó dos discos cruciales para todo lo que vino después: Low y Heroes. En Berlín, en medio de una tonelada de cocaína que provocó que luego no recordara nada sobre esos días, Bowie tomó la intrincada y monolítica influencia del krautrock, la moldeó con la ayuda de Brian Eno y la convirtió en música para las masas. No son sus discos más populares, claro, pero sí de los más influyentes. (Entre muchos otros artistas, Daniel Melero y Richard Coleman, respectivamente, los citan como sus preferidos de todos los tiempos; ahora pensemos qué hubiera sido del rock argentino de los 80 a esta parte sin la apertura mental que generaron Low y Heroes.)

Glam rock. Otro término que no existía hasta que Bowie dejó de ser David y se convirtió en Ziggy por un rato. El período de androginia marciana del artista, entre 1972 y 1973, revolucionó las formas de una sociedad pacata: las propias madres no podían distinguir si esos rebeldes eran chicos o chicas. Pero los jóvenes entendieron todo. Las puertas de la imaginación se habían abierto: no había límites de género, sexo o raza (humana o extraterrestre) que se interpusieran entre esos seres de miradas frescas que convirtieron a Ziggy Stardust en su paradigma. El propio Bowie confesó que le costó distinguir personaje de persona y le puso abruptamente fin a ese período poniéndose el traje de soulman.

Esos cambios de dirección musical y aspecto le ganaron a Bowie el mote de “camaleón del rock”, pero nada estaba más alejado de la realidad. El benemérito animalito se mimetiza con lo que tiene de fondo para pasar inadvertido y cazar a sus presas; el artista se ponía en evidencia frente a una sociedad reprimida y la empujaba hacia adelante. En primer lugar, con su música, en la que tomaba elementos de su propia formación (revisar Pin Ups e ir a los originales es un buen modo de notarlo) y hacía su alquimia. Pero también lo hizo poniéndose un vestido para la portada de The Man Who Sold the World, con su vida de pareja abierta con Angie, cada vez que simulaba hacerle sexo oral a la guitarra de Mick Ronson, cuando hablaba contra el racismo… Sí, tuvo períodos de confusión artística y personal -su adicción a la cocaína influyó mucho en eso-, pero incluso esos pasos en falso cimentaban el siguiente avance.

El c-c-c-cambio más extraño de Bowie fue cuando se convirtió en artista de estadios. Las bases eran sólidas, porque Let’s Dance fue un disco brillante que cruzaba elementos disparatados -la guitarra blusera de Steve Ray Vaughn con la producción funky de Nile Rodgers- y los llevaba a la pista de baile de los 80. Los videos de “Modern Love” y “China Girl” inauguraron una nueva dimensión en la comunicación audiovisual de la música. Y el impacto fue enorme, con giras interminables y discos que decayeron en nivel (el desparejo Tonight y el horrible Never Let Me Down). Más se agrandaba el escenario del tour, peores eran las canciones. Fueron los 80, les pasó a todos los grandes, pero era raro que le sucediera a él, al héroe de otro planeta, al ser de los dos ojos de distinto color que había alimentado el arte como nadie.

Tal vez haya sido el primer indicio de que Bowie era falible y (¡herejía!) humano. Después de reacomodar las piezas, el cantante volvió en buena forma en los 90, aunque ya no estaba un paso adelantado al resto. De hecho, parecía llegar siempre a tiempo para, desde las alturas inconmensurables de su obra pasada, darle el visto bueno a cada artista que destrabara nuevas puertas, desde Pixies hasta Nine Inch Nails. Siempre lo animaba el viejo espíritu: tomar dos elementos que aparentemente no fueran bien juntos y hacerlos funcionar. Lo hizo con el hard rock y el jungle en Earthling, por ejemplo, pero el contexto era diferente. Hasta su retiro después de un aneurisma, sus discos fueron interesantes y disfrutables, ya sin ese filo que cortaba a la sociedad para inocularle el virus del cambio.

Su inesperado regreso con The Next Day y el flamante Blackstar -acaso su testamento- alimentaron desde el silencio del artista las leyendas sobre sus días fuera de las cámaras y las luces. Pero el mito estaba construido desde que la comunicación falló entre el Control de Tierra y el Mayor Tom. La muerte de David Bowie deja un sentimiento de orfandad tan terrible como irreparable. Su arte, en cambio, siempre será el refugio donde encontrar inspiración para cada día.

Sí, fue magia.

 

LEMMY KILMISTER (1945-2015)

HASTA SIEMPRE LEMMY

Por Juan José Rodríguez | @jjcarns

Hablar de Lemmy Kilmister, es hablar del rock ‘n’ roll en sí mismo. Para cualquiera que escriba, y para muchos de los que lo lean, resulta imposible aceptar que este texto llega junto con su desaparición física.

De las personas que forman parte de este movimiento, son muy pocos los que han impactado tan fuerte en la cultura Rock, y al mismo tiempo, hayan sido casi inadvertidos por el establishment del entretenimiento.

Su prolifera obra musical en material propio o bien en participaciones, es incalculable. Son muchísimas las canciones a las que le puso su voz y hasta al más obsesivo coleccionista de su discografía, le costaría asegurar que está documentada la totalidad de su obra.

Es gratificante hoy, aunque un poco a destiempo, leer cómo los más importantes medios de comunicación, tanto en gráfica como en TV, se han hecho eco de su desaparición física. The Guardian, The Daily Mail, The New York Times, por citar algunos. Tampoco se mantuvieron al margen varias de las figuras más importantes del mundo de la música, utilizando las redes sociales como una suerte de avisos fúnebres globalizados:

ANTHRAX (Emblema de la música pesada)

“No hay nada que podamos escribir que pueda igualar la imponente vida que has vivido. Tú eres el Rock N Roll. Siempre serás un guerrero. Con mucho amor, D.E.P. Lemmy”

OZZY OSBOURNE (Líder de Black Sabbath, amigo personal de Lemmy)

“Hoy he perdido a uno de mis mejores amigos. Le echaré mucho de menos. Fue un guerrero y una leyenda. Le veré en el otro lado”

GENE SIMMONS (Bajista y miembro fundador de Kiss)
“Lemmy: Descanse en paz. Agita los cielos, mi amigo.”

Ian Fraser “Lemmy” Kilmister, nació en Stoke-O-Trent (Reino Unido) una Nochebuena en 1945, el mismo año en el que terminó la Segunda Guerra Mundial. Materia de la que se consideraba un experto y un gran coleccionista.

A los 16 años presenció un show de The Beatles en The Cavern Club en Liverpool , y al igual que a muchos otros, su vida no volvió a ser la misma.
De la mano de Please Please Me, se colgó su primera guitarra y comenzó a tocar encima del disco.

Fue un par de años más tarde que supo integrar varios grupos (The Rockin’ Vickers, Sam Gopal, Hawkwind). Fue en 1975 cuando luego de ser despedido del grupo Hawkwind, armó Motörhead hace ya de esto 40 años. El resto es historia y como diría un docente: Vayan a los libros… En este caso a sus discos y descubran un universo artístico, mágico, sólido y genuino.

motorhead

El mundo del rock no será el mismo. Larga vida al rock ‘n’ roll. Larga vida a Lemmy Kilmister.