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Crónicas de los recitales que fuimos a ver.

NO EN ESTA VIDA

Guns N’ Roses (GNR) ofreció dos shows históricos en River Plate cerrando un eterno paréntesis de 23 años. Ambos conciertos contaron con la presencia de Steven Adler que se sumó para tocar la batería en una canción y así poder ver a casi todos los integrantes originales de la banda en vivo después de tanto tiempo.

por @GFKArgentina | Gabriel F. Keena

Infancia y adolescencia

Desde que era un niño el rock de Guns N’ Roses estuvo presente en mi vida. Tengo vagos y distorsionados recuerdos de mi infancia, pero puedo rememorar la primera vez que escuché Used To Love Her sin tener más de 5 o 6 años. Obviamente no era una motivación personal ni mucho menos, sonaban porque mis hermanos adolescentes gozaban de la plenitud de la banda californiana, allá por los inicios de la década del 90.

También me tropezaba con la tapa de alguno de sus discos. Me sentía cautivado pero inspiraban temor, observaba la cruz cadavérica, rostros jóvenes demacrados que denotaban el hastío del maltrato. Leía las tres palabras que constituían su lema: Sexo, drogas y Rock N’ Roll. Apetito para la destrucción. Qué lejano resultaba ese mundo oscuro y peligroso. Eran 5 pibes perdidos, condenados. Ojalá nunca me parezca a ellos, pensaba para mis adentros.

Clásico de clásicos
Clásico de clásicos

Pasaron algunos años y llegó la adolescencia. Mientras despedía dolorosamente para siempre a mis muñecos – al igual que Andy en Toy Story 3 – el rock tocaba la puerta de mi pieza. Cebado por mis compañeros de colegio, empecé a escuchar discos y compilados de lo que sea hasta que un día recordé a los Guns N’ Roses – quienes desde hacía algunos largos años habían desaparecido repentinamente de la escena del rock – y fui a buscar los álbumes que mis hermanos habían dejado en casa (Sí, todavía no había acceso a la música digital).  Allí volví a toparme con ellos, pero ésta vez, ya no fue una sensación temerosa ni de rechazo sino todo lo contrario: me sentí atraído y conectado con mis propias rebeldías que comenzaban a aflorar.

Desde ese día y durante casi toda mi adolescencia fui un acérrimo seguidor de Guns N’ Roses. Pero ya era tarde. Ya se habían separado. Ya eran un recuerdo del pasado que yo trataba de revivir, deseando que en el nuevo milenio pudieran reunirse y volver a desplegar el rock visceral y rabioso que exportaron al mundo desde Los Ángeles.

Ya había gastado sus 5 discos de estudio. Ya había leído todos los foros disponibles. Ya había visto todos los conciertos de sus giras. Ya estaba empezando a perder la paciencia.

En 2001, Axl Rose reapareció después de una larga pausa que incluyó una cobertura mediática preguntando qué había pasado con él. Su regreso ocurrió en Rock in Rio con una banda completamente nueva y un visible sobrepeso del que se sigue hablando hasta hoy. Las expectativas fueron enormes, pero enseguida se percibió que ese nuevo proyecto debió tener otro nombre. Guns N’ Roses era otra cosa.  Y sobre todo, eran otras personas.

De sex symbol en los 90's a ser víctima del bullyng por su obesidad
De sex symbol en los 90’s a ser víctima del bullyng por su obesidad

La tiranía Rose

Durante todo el nuevo milenio, Axl Rose puso en juego el prestigio ganado en la década anterior y coqueteó con el ridículo al punto de ser su propia parodia. En el medio publicó Chinese Democracy un álbum que tardó casi una década en ver la luz y ostenta ser la producción más cara de la historia: 13 millones de dólares, que no alcanzaron para recomponer su bastardeada imagen.

Casi un álbum solista
Casi un álbum solista

Numerosos músicos atravesaron lo que ya era un proyecto solista de Axl. Guns N’ Roses era un tributo de Guns N’ Roses y mi ídolo adolescente se había derrumbado completamente en todo ese alocado proceso. No quise saber nada con sus visitas en 2010, 2011 y 2014, a pesar que en esta última por lo menos contó con la presencia de Duff McKagan.

Consciente del sacrilegio que Axl estaba cometiendo con GNR, alguna vez un periodista le preguntó si había alguna posibilidad de volver a tocar con sus antiguos compañeros, a lo que respondió: “Not in this lifetime” (“no en esta vida”).

No en esta vida

La frase fulminante parecía sepultar cualquier posibilidad de reunión, sin embargo, en abril de este año sorpresivamente los medios comenzaron a hablar de un deshielo entre Axl y Slash que podría desembocar en una reunión que felizmente terminó sucediendo.

Aquella respuesta de Axl se convirtió en el título de una nueva gira en la que Slash y Duff McKagan, después de 23 años, volvían a unirse a la banda. Por motivos económicos Izzy Stradlin no fue parte de la reunión mientras que Steven Adler apareció inesperadamente en los shows de Cincinatti y Nashville para tocar un par de temas.  La  Not In This Lifetime World Tour se puso en marcha en los Estados Unidos para finalmente llegar a la Argentina en noviembre y despertar nuevamente la ilusión dormida en todos los que habíamos añorado un regreso.

Rosario sería la primera parada. Una previa adecuada para volver a enfrentar la ciudad que los había tocar juntos por última vez, una fría noche de julio de 1993: Buenos Aires, aquel último e imprevisible capítulo de la etapa dorada de Guns N’ Roses.

Llamativamente no fue La Plata, sino River nuevamente. Tres años después del último concierto realizado en ese estadio, volvió a abrir sus puertas (¿únicamente?) para recibir a los rockeros que se habían despedido en la cima de la gloria 23 años atrás.  Pasó el show del viernes y a mi me tocó el sábado.

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Hacía tiempo que ya no escuchaba a los Guns pero en los días previos me fui cebando para revivir, al menos por una noche, aquel fulgor adolescente.

Llegué al estadio una hora y media antes del show para meterme en el campo general y me encontré con una kilométrica – literal – cola que parecía interminable. Al igual que en el recital de David Gilmour, la organización (fullticket) hizo agua y faltando escasos minutos para que empiece el show tenía a miles de personas aún sin ingresar al campo. “Nos toman por boludo”, diría Roberto Navarro.

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Logré entrar a las corridas mientras escuchaba los acordes iniciales de It’ So Easy acompañados por una estridente ovación que les daba la bienvenida. Mr. Brownstone me sacó el mal humor y la bronca que sentía por el maltrato que sufrimos constantemente los asistentes a este tipo de eventos.

Con Chinese Democracy logré calmarme para empezar a disfrutar del concierto y cuando Axl exclamó Do You Know where the fuck you are?? caí que estaba cumpliendo un sueño de antaño.

De ahí en adelante el show fue una fiesta y el campo era un reguero de remeras de los Guns N’ Roses.  Adolescentes, jóvenes, cuarentones y cincuentones, todos se identificaban con la casaca que lucía una calavera con armas y rosas. Cada acorde que sonaba se encargaba de borrar los 23 años de espera. Todo volvía la normalidad.

La puesta en escena no fue rimbombante. Dos pantallas gigantes laterales al escenario y una pantalla central que proyectaba imágenes discretas sin exhibir nada demasiado flashero. La atención estaba puesta en otro lado: Axl entonaba como en las viejas épocas, Duff volvía a corretear por la pasarela, Richard Fortus hacía de Gilby Clarke y Frank Ferrer de Matt Sorum mientras que lo de Slash merece un párrafo aparte.

Su frondosa cabellera rizada, cubierta parcialmente por su icónica galera, y las gafas oscuras, ocultaban el rostro del mítico guitarrista, escondiendo cualquier gesto o seña que pudiera expresar su cara. Slash solo interactuaba con el público a través de sus descomunales solos que desprendía de su Les Paul y con una remera que decía Buenos Fucking Aires siendo su indirecta manera de corresponder el cariño del público gunner porteño al que volvió a reconocer después con un tweet reverencial.

La remera dice Buenos Fucking Aires. Foto: Diego Fioravanti
La remera dice Buenos Fucking Aires. Foto: Diego Fioravanti

Además, el sábado comprobé a través de la gente que el liderazgo de la banda ahora es compartido. Si algo relevante cambió en estos 23 años es que Axl y Slash se encuentran en el mismo grado de protagonismo, a diferencia de aquellos recitales del 93 donde el cantante ostentaba ser el amo y señor del escenario. Este flamante tour de reencuentro demostró que, al menos para la audiencia, las máximas ovaciones ahora también son para el talentoso guitarrista.

Por su parte, Duff McKagan, el otro integrante original, se mostró en un excelente (y envidiable) estado físico provocando que las miradas femeninas, que otrora se posaran sobre Axl, ahora fueran dirigidas al rubio bajista, que además desarrolló una interpretación prolija y precisa en las serpenteantes melodías que ejecutó con su bajo blanco que llevaba el símbolo que inmortalizó Prince.

Duff mejor que hace 23 años
Duff mejor que hace 23 años

El concierto fue una batería de clásicos, una sucesión de temazos que prácticamente no daban respiro. Guns N’ Roses salió al ring con una actitud agresiva y frenética, despejando cualquier duda sobre su capacidad para rockear a esta altura del partido. Después de Double Talkin’ Jive y Better, llegó Estranged – aquel gran tema del Use Your Illussion II – y automáticamente se erizó mi piel. La versión fue magistral y la canté de punta a punta a pesar de su larga duración. Gran momento.

Le siguieron Live and Let Die que encendió el pogo multitudinario – reviviendo lo que sucedió meses atrás con Sir. Paul – Rocket Queen (le costó llegar a Axl) y para You Could Be Mine la locura volvió a desatarse en el campo general, mientras se nos viene a la mente alguna secuencia de Terminator II. A diferencia del 93, Duff no cantó el cover de Attitude sino que esta vez eligió New Rose, ganándose la ovación generalizada. This I Love, junto a Chinese Democracy y Better, fueron las tres canciones seleccionadas de aquel polémico álbum publicado en 2008.

Le siguió Civil War, otro clásico atemporal del UYI II, y después Coma, del UYI I, posiblemente la única canción que hubiese excluido de la lista. Mientras tanto, Axl advertía a la gente del campo vip que se echara hacia atrás y dejara espacio para no quedar asfixiados en la valla de contención.  La famosa canción que musicaliza El Padrino (Speak Softly Love) interpretada en clave rockera por Slash fue el preludio de su máximo clásico: Sweet Child O’ Mine. Ni bien sonaron las primeras melodías del eterno punteo de la intro, el público enloqueció acompañando a Axl Rose en la lírica.

Estadio lleno
Estadio lleno

Todo parecía indicar que Sweet Child O’ Mine iba a ser el punto más álgido de la noche pero rápidamente los Guns N’ Roses redoblaron la puesta y sumaron al histórico Steven Adler, baterista original de la banda que fue despedido en 1990. De repente, un 75% de los miembros fundacionales estaban tocando en River y uno no podía sentirse más privilegiado. Steven se apareció con una enorme sonrisa y la casaca de la selección Argentina.  Al igual que hace 23 años, los conciertos en River volvían a ostentar su carácter de show histórico.

Steven Adler con la albiceleste
Steven Adler con la albiceleste

Axl, Slash, Duff y Steven tocando My Michelle fue la prueba necesaria para confirmar que el rock no morirá jamás. Todos deseamos escucharlo un poco más, pero la realidad es que más no se podía pedir. Mientras despedíamos a Steven que se retiraba besando la camiseta, Axl ya se disponía en el piano para introducirnos en Novermber Rain no sin antes combinar con Slash un hermoso cover de la segunda parte instrumental de Layla, de la que ambos parecían sentirse orgullosos al intercambiar sonrisas de aprobación.

A esta altura, todo aquel que alguna vez se dignó de ser un verdadero gunner se encontraba realmente en un estado de gloria. La banda había vuelto en inmejorables condiciones, siendo una máquina imparable y frenética de rock.

La calurosa noche se hacía sentir mientras sonaba Knocking On Heavens Doors y debo admitir que, comparada con las versiones de estadio de la década del 90, esta vez fue un poco más apagada y escueta. Axl, que tuvo una interacción equilibrada con el público, pidió el coro en el estribillo pero sin extenderlo como hacía hace 23 años atrás, cuando se sorprendía al escuchar la estridente respuesta del público.

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La última canción antes del encore fue Nightrain. Siendo las 12 nos acercábamos a las 3 horas de show ininterrumpido. Sin necesitar de la súplica popular que se traduce en el cantito que ya es un clásico, los Guns N’ Roses volvieron para despedirse con Patience, The Seeker (cover de The Who) y finalmente, tal como nos tiene acostumbrados, Paradise City llegó para el cierre que fue un festival de luces y pirotecnia mientras del escenario emergían miles de papelitos celestes y blancos.

Mientras se despedían en un terremoto eléctrico del rock más visceral que haya escuchado,  yo aplaudía con lo último que me quedaba mientras se cerraba una etapa de mi vida que había comenzado hace 15 años atrás, cuando desilusionado pensaba que no iba a ver una reunión de los verdaderos Guns N’ Roses. Automáticamente dije: “no en esta vida”.

ESTRANGED – GUNS N’ ROSES – RIVER PLATE

WELCOME TO THE JUNGLE – GUNS N’ ROSES – RIVER PLATE

SWEET CHILD O MINE – GUNS N’ ROSES – RIVER PLATE

LISTA DE CANCIONES – SÁBADO 5 DE NOVIEMBRE DE 2016

  1. (Wings cover)
  2. (The Damned cover) (with “You Can’t Put Your Armsmore )
  3. (with “Voodoo Child” outro)
  4. (with band introductions)
  5. (Nino Rota cover)
  6. (Pink Floyd cover) (Slash & Richard Fortus guitar duet)
  7. (“Layla” piano exit intro withmore )
  8. (Bob Dylan cover)
  9. Encore:
  10. (with “Sister Morphine” by The Rolling Stones intro)
  11. (The Who cover)

Soy Leyenda

A sus 73 años, Paul McCartney visitó por tercera vez nuestro país en el marco de la gira mundial One on One para ofrecer tres shows repletos (uno en Córdoba y dos en La Plata) erigiéndose como una de las pocas leyendas vivas que todavía relucen en el mundo contemporáneo.

por @GFKArgentina

73 motivos para asistir a un recital de Paul McCartney :

1 – Para mí ir a ver a Paul se puede equiparar con que aquellos que pudieron disfrutar de los conciertos de Mozart o Beethoven. Por más cliché que suene, es realmente una leyenda viva. La dupla Lennon/McCartney marcó un antes y después en la música del siglo XX.

2 – Es propietario del mejor setlist que pueda existir combinando las canciones de Los Beatles junto con sus propias composiciones.

3 – El tiempo también es un factor inevitable. Justamente los 73 años, que está lejos de aparentar, marcan una lamentable pero inevitable limitante. Todavía puede hacerlo perfectamente, pero ¿Por cuánto tiempo más?

4- Relacionado con el punto 3, es muy posible que en poco tiempo abandone los recitales.

5- Y no vuelva a la Argentina.

6 – Y ya quedó ultra hiper demostrado que somos la audiencia ideal para los conciertos de estadios.

7 – Paul en Argentina 2

8 – La puntualidad inglesa no se hace esperar y el show arranca a la hora señalada.

9 – Tocó 39 canciones

9 – El 9 = a John Lennon. Interpreta Here Today dedicándosela. La gente ovaciona su memoria y corea “Olé, Olé, Olé Lennon”. Difícil explicar el silencio abisal que provoca cuando entona sus primeras melodías, solo en el escenario con su guitarra y la voz quebrantada. Aquí ahora, Lennon siempre está presente.

10 -El show duró 3 hs, no podemos pedir mas.

11 – La vitalidad de Paul se mantiene intacta y se percibe en cada movimiento o gesto que hace. El tiempo no hace mella en él.

12 – Arrancó con A Hard Days Night que incluyó para esta gira después de no tocarla tras 50 años. Tras el indeleble e indescifrable acorde inicial, el campo sacude el frío saltando y gritando “it’s been a haaard dayss night”.

13 – La banda lo acompaña a la perfección. Cada uno sabe lo que tiene que hacer.

14 – Si bien su último disco no es una gema indescriptible, tiene varios puntos en alto que, aunque no lo necesite, siguen prestigiando a Paul. Entre ellos Save Us, Queenie Eye y New. Las tres formaron parte del setlist.

15 – Temporary Secretary. Rareza con un toque bizarro que Paul desempolvó para volver a tocarla en vivo, demostrando que fue uno de los primeros predicadores de la música electrónica. Gran parte del público que desconocía esa faceta del ex bajista de Wings, conoció otra versión interesante de él.

16 – Era muy gracioso ver como hojeaba sus machetes dispersos en el suelo para tratar de esbozar un español decente.

17 – Mejoró notablemente su pronunciación.

18 – “Tres conejos en un árbol tocando el tambor, que si que no, que sí lo he visto yo”.

19 – No es algo descomunal pero la previa con el DJ que mezcla los temas de Los Beatles tiene algunas cosas más que interesantes y, poco a poco, te van cebando para recibir a McCartney.

20 – Es impagable ver a la franja etaria de 50 para arriba enloquecerse más que los pibes cuando suena Can’t Buy Me Love. Beatlemania not dead.

21- bajo hofner mccartney

22 – Let Me Roll It

23 – La cierra con un incendiario cover de Foxey Lady.

24 –  Gran parte del show suena más rockero de lo que hubiese esperado. Cuando Paul agarra la Gibson Les Paul , las tres guitarras eléctricas chorrean un sonido distorsionado y blusero.

25 –  I’ve Got A Feeling, me remite a aquel último recital en la azotea. Un exitoso experimento:  John y Paul cantando dos temas al mismo tiempo. Reminiscencias del final.

26 – Si Los Beatles fueron la banda de sonido presente en toda tu vida, el show se convierte en una montaña rusa de emociones mezcladas.

27 – Confirmas que la morsa era Paul.

28 – Le dedica My Valentine a su actual pareja Nancy Shevell y cuando termina hace el símbolo de corazón con sus manos. Seguramente en unos años se separe y Nancy le saque bocha de millones de dólares pero igual es enternecedor.

29 – Paul está enamorado

30 – Nineteen Eighty Five dedicada especialmente a los fans de Wings.

31 – Arranca Here There and Everywhere y un halo de paz y amor recae sobre todos nosotros que pendulamos nuestro cuerpo confortablemente. Clásico de clásicos.

32 – Maybe I’m Amazed reservada siempre para Linda, el amor de su vida. Pasa el tiempo y cuesta llegar al timbre de voz en el estribillo, aún así Paul pone garra y corazón y no te queda más que aplaudirlo fervorosamente.

33 – Casi me quedo afónico cuando sonó We Can Work it Out. La canté de punta a punta.

34 –  Las escuchaste ocho mil veces, pero no podes evitar la ridícula redundancia de decir “qué temazo” como si fuera la primera vez.

35 – Paul deja la guitarra, encara hacia el piano y pensás: si va al piano, se viene un clásico mundial.

36 – Imborrable momento cuando en el perímetro nadie se acuerda la letra de You Won’t See Me pero vos y tu amigo la corean sacados. Rubber Soul cuánto te quiero!

37 – Paul no para un minuto. No transpira, no se mea, no toma agua, solo canta y ejecuta instrumentos.

38 – La gente corea el clásico “Ouhh oohh ohh” aprobatorio y Paul hace un temita del cántico con el piano en dos minutos.

39 – Paul is not dead.

40 – Sin dejar de lado ninguna de sus diversas y multifaceticas etapas, Paul nos lleva hasta el Liverpool prehistórico e interpreta In Spite of All Danger un tema de Los Quarrymen, la banda que precedió a la formación de Los Beatles.

41 – Liverpool= casa.

42 – You’ll never walk Alone

43 – Una armónica inicia una nueva inmediata ovación: Love Me Do, honor y gratitud al primer hit de Los Beatles.

44 –  “No pueden tener tantos temas buenos Los Beatles” y arranca And I Love Her.

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46 –   The Fool On The Hill, gema inconmensurable del Magical Mistery Tour.

47 – Paul golpea con cada canción. Te lleva a Liverpool, te susurra canciones de amor, te rockea con guitarras chillonas, te pasea por sus sentimientos y por una discografía inoxidable e histórica.

48 – También es capaz de enseñarte sus flamantes creaciones como si todo esto recién estuviese comenzando y toca ForFiveSeconds canción en la que colaboró con Rihanna y Kanye West.

49 – Emociona ver como el preciado legado beatle se transmite de generación en generación.

50 – Paul 3

51 – Suena Lady Madonna y me acuerdo del poco tiempo en el que asistí a las clases de teclado. Mi profesor me la enseño y yo hacía lo que podía.

52 – Segundo guiño a John: Being For The Benefit of Mr. Kite!, es la única referencia al Sgt. Peppers y está perfecto.

53 – Desenfunda el ukele y ya todos nos preparamos para homenajear a George. Desde aquella famosa versión para el Concert For George, Something es obligatoria en el ritual, el espacio para agradecerle a Harrison a través de otro beatle.

54 – No me esperaba semejante pogo y dislate en el campo cuando sonaron los primeros acordes de Ob-La-DI-Ob-La-Da.

55 – Band on the Run, otro clásico solista dedicada a la gilada que opina “McCartney sin Los Beatles no hizo nada”.

56 – Back In The U.S.S.R la canción que abre el CD1 del White Album, mi disco favorito de todos los tiempos. Recordé aquella apacible tarde de sábado en la que sonó por primera vez en mi discman.

57 – Un estadio cantando Let It Be.

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59 –  Después de la atronadora y explosiva Live And Let Die, mientras estábamos todos embriagados de éxtasis, enardecidos bajo el ruido de los explosivos, McCartney nos remata con Hey Jude para liquidarnos totalmente.

60 – Una muchedumbre canta el estribillo.

61 – Naranananaaa Hey Juuuuu

62 – Cual director de orquesta, Paul merodea por el escenario y da indicativas: Ahora solo los hombres, después solo las chicas (sic) y finalmente cerramos todos juntos ese himno.

63 – El final está cerca.

64 – Pareciera que ya agotó todas las armas, pero no, siempre hay más cuando un beatle está en escena.

65 –  Vuelve para la encore y nos sacude con munición gruesa: Yesterday.

66 – Bancamos su etapa Wings. Sobre todo si toca un temazo como Jet.

67 – Momento del toque social con la fanaticada: suben varias adolescentes cumpleañeras a pedirle que le firme un pedazo del cuerpo como si enfrente estuviese Yastin.

69 –  Paul se soprende con la pronunciación perfecta del inglés de una de las chicas,y le pregunta: “¿De dónde sos?”,  de Brasil contesta ella. Silbatina generalizada. No puede haber tanta maldad.

68 – Y a continuación la canción que abre el Disco 2 del White Album: Birthday, “hoy es tu cumpleaños, hay que celebrar”.

69 – Para el cierre se guarda la seguidilla más aclamada de la historia: el cierre de Abbey Road con Golden Slumbers, Carry That Weight y The End.

70 – Otro púber que estaba cerca mío, completamente exaltado, lo despide tirándole besos y aplaudiéndolo como un desaforado.

71 – Una sensación de plenitud nos recorre a todos los presentes.

72 – Felicidad.

73 – “And in the end, the love you take is equal to the love you gave”.

 

El lado luminoso de Chris Martin

Coldplay eligió Buenos Aires (la provincia) para iniciar su ambiciosa gira latinoamericana correspondiente a su flamante álbum A Head Full Of Dreams. Ante un estadio Único repleto, la banda británica desplegó una puesta en escena imponente y ofreció un show con casi todos sus clásicos, demostrando que es el grupo de pop más importante de estos tiempos.

por @GFKArgentina

La Metamorfosis

Antes de hablar estrictamente del luminoso recital, quiero repasar en retrospectiva con el objetivo de entender por qué ayer – EN UN SHOW DE COLDPLAY – estábamos todos agitando una pulsera que automáticamente disparaba una gama infinita de colores, provocando una muchedumbre pigmentada, un paisaje increíble y estremecedor.

Como todos ya sabemos, Coldplay comenzó en 1996, pero inició su recorrido discográfico el mismo año en que inaugurábamos un nuevo siglo. Mientras hoy nos cuesta encontrar una banda de esta época que nos represente, y todavía el rock sigue adorando a sus estrellas del pasado, podemos afirmar que este particular cuarteto inglés es uno de los emblemas de la década del 2000.

Ya con su debut, Parachutes, la banda liderada por Chris Martin empezaba un recorrido exitoso en Gran Bretaña con baladas épicas fáciles para corear al unísono. Sin embargo, en 2002, su segundo disco intitulado A Rush Of Blood to the Head superaría cualquier tipo de expectativa y situaría a Coldplay en el plano mundial: Clocks, The Scientist In My Place instantáneamente se volvieron clásicos contemporáneos. Después vinieron X & Y  y Viva la Vida or Death and All His Friends que sumaron nuevos himnos, con el sello inconfundible de Chris Martin, que se escucharon en todos los estadios del mundo.

El astronómico crecimiento del grupo se puede comprobar fácilmente en sus dos previas visitas a nuestro país: de 3 shows en el Teatro Gran Rex en 2007 a un concierto para más de 60 mil personas en River tan solo tres años después.  Gracias al poder indeleble de sus canciones, Coldplay tuvo que asumir una metamorfosis en la que debió abandonar su estilo intimista y “bajonero” (según sus detractores) para asumirse como una poderosa banda de estadios, apostando a una nueva manera de expandir sus ambiciones compositivas.

Sin embargo, el meteórico crecimiento que continuó aún con la publicación de Mylo Xyloto en 2011, sufrió un duro golpe cuando su líder se separó de su esposa – la famosa actriz estadounidense Gwyneth Paltrow con quien tiene dos hijos – y el destino de la banda parecía languidecer en un espiral depresivo. Eso es justamente Ghost Stories, el álbum publicado en 2014 que refleja la angustia de Martin por su situación amorosa, de la que no pudo sacar un provecho artístico en ese disco.

Mientras tanto, Gwyneth también anda por Argentina. Acá con Francis Mallman
Mientras tanto, Gwyneth también anda por Argentina. Acá con Francis Mallman

Fue un año turbulento y caótico tanto para Martin como para la banda, que depende enteramente de su liderazgo, del que finalmente pudieron salir apostando rápidamente por una nueva producción discográfica que se ubicara en las antípodas de esa lágrima cantada que es Ghost Stories.

El amor después del amor

Así nace A Head Full Of Dreams (o cómo salir de la depresión post separación), un disco luminoso, repleto de colores y plagado de canciones que levantan el ánimo a cualquiera. Coldplay decide reinventarse saliendo de la comodidad de sus baladas sentimentales para divertir al mundo. Y lo logra con composiciones como la canción homónima, Adventures of A Lifetime o Hymn For the Weekend, por citar sus tracks más célebres, de esta nueva banda que dejó su frialdad blanquinegra para mostrar una faceta optimista de cómo encarar esta caótica existencia.

Nueva vida. Nuevo disco
Nueva vida. Nuevo disco

En ese sentido, no es ninguna arbitrariedad que la gira positiva y buena onda de Coldplay comience en la Argentina. Sagaces y previsores, los cuatro músicos ingleses entendieron que esta nueva apuesta debía ponerse a prueba ante un público tan fervoroso y demostrativo como el nuestro. Para ello, se prepararon para que los dos shows que abren la gira sean una fiesta inolvidable.

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Es por eso que ayer, mientras ingresaba al estadio Único de La Plata, los organizadores me entregaban una pulsera blanca que se enciende automáticamente por radiofrecuencia, provocando que nuestras muñecas se conviertan en Leds que emiten infinidad de luces que titilan al ritmo de la música. Sé que las pulseras ya tienen algunos años y  que también ya se habían utilizado en otros shows pero creo que en este obtuvieron un provecho mucho mayor.

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La previa nos arrojaba dos artistas femeninas, una local y otra extranjera, a quienes yo desconocía completamente pero que me sorprendieron gratamente: la primera fue Florencia “Hana” Ciliverti que se plantó con su guitarra para ofrecer un show más que interesante, apelando a un abanico de armonías de tintes psicodélicas pero también asomaban tonalidades orientales. Una propuesta original.

Teloneras
Teloneras

Le siguió Lianne La Havas, talentosa artista inglesa de 26 años, hija de madre jamaiquina y padre griego, que además de exhibir una belleza seductora, demostró tener una enorme capacidad musical mostrando sus interesantes composiciones con un swing muy particular y una voz descomunal. Aquellos que aún no la conozcan, les recomiendo que le den una oportunidad y escuchen su música. Posiblemente en unos años sea mainstream y se gane varios Grammys.

Lianne-La-Havas

Finalmente, a las 21, las luces del Único se apagaron y las pulseras que cada uno portaba en su muñeca se encendieron, mientras tanto en la pantalla se proyectaba un vídeo con tres fans adolescentes que sostenían una bandera argentina y decían “hola a todos, queremos presentarles a la mejor banda del mundo: Coldplay”.

Después del anuncio, la banda salió a la conquista con una imponente puesta en escena que, además de encender la pulsera, activó a las 50 mil personas que ovacionaron al grupo bajo un grito enardecido mientras los primeros acordes de A Head Full Of Dreams sacudían los cuerpos de grandes y chicos.  Papelitos, globos, fuegos artificiales y un maremágnum de luces fueron el arsenal al que Coldplay echó mano de entrada.

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Un poco extasiado y aturdido, ese comienzo me trajo el fresco recuerdo de otros monumentales arranques como el Black Ice Tour de AC/DC con una locomotora a toda maquina irrumpiendo en el escenario o el avión estrellado de The Wall en medio de una balacera estremecedora. Sin embargo, no hay dudas de que desde que Coldplay se decidió ser una banda de estadios, su ejemplo más cercano son los shows de U2.

Desde el primer minuto, el recital fue una fiesta sonora de colores protagonizada por Chris Martin (voz, guitarra rítmica y piano), Jon Buckland (guitarra principal), Guy Berryman (bajo, teclados) y William Champion (batería y coros). Casi sin respiro, continuaron con Yellow (su primer hit) para seguir con Every Teardrop. En Birds largaron bocha de pelotas gigantes que iban rebotando por todo el campo del estadio, mientras el público lo empujaba con fuerza hacia el cielo.

Después de ese comienzo que se asemejaba al carnaval carioca de un casamiento, la banda decidió relajar un poco y mostrar su antigua faceta mucho más introspectiva. Con el objetivo de contrastar esos dos estilos coexistentes, decidieron ubicarse en un escenario alternativo cercano al mangrullo para ofrecer un set acústico con Magic y Everglow, ésta última perteneciente a su colorida flamante producción.

Después de breve relajo, la banda volvió con todo para romperla con Clocks, posiblemente uno de las mejores canciones pop de las últimas décadas que al escucharla en vivo, estremece. A la fiesta alegre y divertida, le siguió Politik acompañada por un impactante vídeo que proyectaba una seguidilla de cruentas imágenes de la guerra en Medio Oriente y a los miles de refugiados vagando por las rutas europeas, buscando generar una saludable pero liviana empatía con la desesperante situación que se vive en aquella región del planeta. Otro paralelismo con U2, aunque en este caso, Chris Martin no hizo ningún tipo de declaración y dejo que el vídeo y la canción hablaran por él.

El tercer escenario, bien cerquita.
El tercer escenario, bien cerquita.

Sonriente y rozagante, Martin solo paraba para agradecer en un aceptable y fluido español “estamos muy contentos de poder estar nuevamente aquí” agregando y subrayando que nos habían elegido para comenzar esta gira en nuestro país por el afecto especial que nos tienen. La parcialidad femenina se derrite en colores y le demuestra su afecto con agudos alaridos. Él sonríe. Se lo ve contento. Jubiloso.

Fuente: Natalia Bohdan
Fuente: Natalia Bohdan

Mientras tanto se sucedían clásicos como Charlie Brown o Fix You – mención destacada al público que finalizó el tema a coro-.  Nuevamente aparece A Head Full Of Dreams con otra de sus confecciones ideales para estadios: Hymn for the Weekend.

Como prólogo, de Viva la Vida, la banda eligió homenajear a David Bowie con un mediocre cover de Heroes – posiblemente el punto más flojo de la sofisticada apuesta- pero fue rápidamente olvidada cuando el estadio acompañó al unísono el famoso coro de Viva la Vida para acoplarle Adventures of a Lifetime, otra del último disco que va derecho a ser un clásico del repertorio. Mi favorita de A Head Full Of Dreams.

La agitada y frenética noche volvió a tener otro lapso de calma cuando los cuatro se mudaron  a un tercer diminuto escenario montado en el medio del campo. De repente, todos los que estaban cerca mío salieron corriendo desesperados hacia un sector. Siguiendo la manada, me di cuenta que tenía a los músicos a muy pocos metros de distancia. Salvo por la gorra, el batero y el guitarrista son prácticamente iguales.

En ese tramo final, el grupo retoma sus principios apelando a un sonido de mayor intimidad. Aprovechan además para tocar Green Eyes, pedida por una de sus fans en la nueva modalidad “a la carta” que están proponiendo bandas que se pueden dar el lujo de dar a elegir.

El tercer escenario, bien cerquita.
El tercer escenario, bien cerquita.

Para el final se guardaron Amazing Day,  A Sky Full Of Stars y Up & Up, canción que cierra este nueva cara risueña y descontracturada de Coldplay. En el cierre, las pulseras luminosas retomaron su protagonismo proyectando un paisaje único e irrepetible. Las caras atónitas recorrían con su incrédula mirada semejante espectáculo visual, donde cada espectador aportaba con su pequeña pero intensa luz.

Después de agradecer numerosas veces, la banda se retiró sin amagar con volver. El público trató de convencerlos coreando Viva la Vida pero el intento fue inútil. Tampoco se insistió demasiado, todos estábamos más que satisfechos con lo que la banda había desplegado a lo largo de dos horas. En ese tiempo, Coldplay pudo condensar el legado místico de las grandes bandas de estadio. Con esta nueva gira, y más puntualmente con el concierto de ayer, la banda de Chris Martin es el nuevo faro de este tipo de espectáculos en los que el resto de las bandas de rock formadas en el siglo XXI aún no pueden hacer pie.

La lista de temas
La lista de temas

 

ADVENTURES OF A LIFETIME – COLDPLAY

HYMN FOR THE WEEKEND – COLDPLAY


YELLOW – COLDPLAY