NO EN ESTA VIDA

Guns N’ Roses (GNR) ofreció dos shows históricos en River Plate cerrando un eterno paréntesis de 23 años. Ambos conciertos contaron con la presencia de Steven Adler que se sumó para tocar la batería en una canción y así poder ver a casi todos los integrantes originales de la banda en vivo después de tanto tiempo.

por @GFKArgentina | Gabriel F. Keena

Infancia y adolescencia

Desde que era un niño el rock de Guns N’ Roses estuvo presente en mi vida. Tengo vagos y distorsionados recuerdos de mi infancia, pero puedo rememorar la primera vez que escuché Used To Love Her sin tener más de 5 o 6 años. Obviamente no era una motivación personal ni mucho menos, sonaban porque mis hermanos adolescentes gozaban de la plenitud de la banda californiana, allá por los inicios de la década del 90.

También me tropezaba con la tapa de alguno de sus discos. Me sentía cautivado pero inspiraban temor, observaba la cruz cadavérica, rostros jóvenes demacrados que denotaban el hastío del maltrato. Leía las tres palabras que constituían su lema: Sexo, drogas y Rock N’ Roll. Apetito para la destrucción. Qué lejano resultaba ese mundo oscuro y peligroso. Eran 5 pibes perdidos, condenados. Ojalá nunca me parezca a ellos, pensaba para mis adentros.

Clásico de clásicos
Clásico de clásicos

Pasaron algunos años y llegó la adolescencia. Mientras despedía dolorosamente para siempre a mis muñecos – al igual que Andy en Toy Story 3 – el rock tocaba la puerta de mi pieza. Cebado por mis compañeros de colegio, empecé a escuchar discos y compilados de lo que sea hasta que un día recordé a los Guns N’ Roses – quienes desde hacía algunos largos años habían desaparecido repentinamente de la escena del rock – y fui a buscar los álbumes que mis hermanos habían dejado en casa (Sí, todavía no había acceso a la música digital).  Allí volví a toparme con ellos, pero ésta vez, ya no fue una sensación temerosa ni de rechazo sino todo lo contrario: me sentí atraído y conectado con mis propias rebeldías que comenzaban a aflorar.

Desde ese día y durante casi toda mi adolescencia fui un acérrimo seguidor de Guns N’ Roses. Pero ya era tarde. Ya se habían separado. Ya eran un recuerdo del pasado que yo trataba de revivir, deseando que en el nuevo milenio pudieran reunirse y volver a desplegar el rock visceral y rabioso que exportaron al mundo desde Los Ángeles.

Ya había gastado sus 5 discos de estudio. Ya había leído todos los foros disponibles. Ya había visto todos los conciertos de sus giras. Ya estaba empezando a perder la paciencia.

En 2001, Axl Rose reapareció después de una larga pausa que incluyó una cobertura mediática preguntando qué había pasado con él. Su regreso ocurrió en Rock in Rio con una banda completamente nueva y un visible sobrepeso del que se sigue hablando hasta hoy. Las expectativas fueron enormes, pero enseguida se percibió que ese nuevo proyecto debió tener otro nombre. Guns N’ Roses era otra cosa.  Y sobre todo, eran otras personas.

De sex symbol en los 90's a ser víctima del bullyng por su obesidad
De sex symbol en los 90’s a ser víctima del bullyng por su obesidad

La tiranía Rose

Durante todo el nuevo milenio, Axl Rose puso en juego el prestigio ganado en la década anterior y coqueteó con el ridículo al punto de ser su propia parodia. En el medio publicó Chinese Democracy un álbum que tardó casi una década en ver la luz y ostenta ser la producción más cara de la historia: 13 millones de dólares, que no alcanzaron para recomponer su bastardeada imagen.

Casi un álbum solista
Casi un álbum solista

Numerosos músicos atravesaron lo que ya era un proyecto solista de Axl. Guns N’ Roses era un tributo de Guns N’ Roses y mi ídolo adolescente se había derrumbado completamente en todo ese alocado proceso. No quise saber nada con sus visitas en 2010, 2011 y 2014, a pesar que en esta última por lo menos contó con la presencia de Duff McKagan.

Consciente del sacrilegio que Axl estaba cometiendo con GNR, alguna vez un periodista le preguntó si había alguna posibilidad de volver a tocar con sus antiguos compañeros, a lo que respondió: “Not in this lifetime” (“no en esta vida”).

No en esta vida

La frase fulminante parecía sepultar cualquier posibilidad de reunión, sin embargo, en abril de este año sorpresivamente los medios comenzaron a hablar de un deshielo entre Axl y Slash que podría desembocar en una reunión que felizmente terminó sucediendo.

Aquella respuesta de Axl se convirtió en el título de una nueva gira en la que Slash y Duff McKagan, después de 23 años, volvían a unirse a la banda. Por motivos económicos Izzy Stradlin no fue parte de la reunión mientras que Steven Adler apareció inesperadamente en los shows de Cincinatti y Nashville para tocar un par de temas.  La  Not In This Lifetime World Tour se puso en marcha en los Estados Unidos para finalmente llegar a la Argentina en noviembre y despertar nuevamente la ilusión dormida en todos los que habíamos añorado un regreso.

Rosario sería la primera parada. Una previa adecuada para volver a enfrentar la ciudad que los había tocar juntos por última vez, una fría noche de julio de 1993: Buenos Aires, aquel último e imprevisible capítulo de la etapa dorada de Guns N’ Roses.

Llamativamente no fue La Plata, sino River nuevamente. Tres años después del último concierto realizado en ese estadio, volvió a abrir sus puertas (¿únicamente?) para recibir a los rockeros que se habían despedido en la cima de la gloria 23 años atrás.  Pasó el show del viernes y a mi me tocó el sábado.

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Hacía tiempo que ya no escuchaba a los Guns pero en los días previos me fui cebando para revivir, al menos por una noche, aquel fulgor adolescente.

Llegué al estadio una hora y media antes del show para meterme en el campo general y me encontré con una kilométrica – literal – cola que parecía interminable. Al igual que en el recital de David Gilmour, la organización (fullticket) hizo agua y faltando escasos minutos para que empiece el show tenía a miles de personas aún sin ingresar al campo. “Nos toman por boludo”, diría Roberto Navarro.

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Logré entrar a las corridas mientras escuchaba los acordes iniciales de It’ So Easy acompañados por una estridente ovación que les daba la bienvenida. Mr. Brownstone me sacó el mal humor y la bronca que sentía por el maltrato que sufrimos constantemente los asistentes a este tipo de eventos.

Con Chinese Democracy logré calmarme para empezar a disfrutar del concierto y cuando Axl exclamó Do You Know where the fuck you are?? caí que estaba cumpliendo un sueño de antaño.

De ahí en adelante el show fue una fiesta y el campo era un reguero de remeras de los Guns N’ Roses.  Adolescentes, jóvenes, cuarentones y cincuentones, todos se identificaban con la casaca que lucía una calavera con armas y rosas. Cada acorde que sonaba se encargaba de borrar los 23 años de espera. Todo volvía la normalidad.

La puesta en escena no fue rimbombante. Dos pantallas gigantes laterales al escenario y una pantalla central que proyectaba imágenes discretas sin exhibir nada demasiado flashero. La atención estaba puesta en otro lado: Axl entonaba como en las viejas épocas, Duff volvía a corretear por la pasarela, Richard Fortus hacía de Gilby Clarke y Frank Ferrer de Matt Sorum mientras que lo de Slash merece un párrafo aparte.

Su frondosa cabellera rizada, cubierta parcialmente por su icónica galera, y las gafas oscuras, ocultaban el rostro del mítico guitarrista, escondiendo cualquier gesto o seña que pudiera expresar su cara. Slash solo interactuaba con el público a través de sus descomunales solos que desprendía de su Les Paul y con una remera que decía Buenos Fucking Aires siendo su indirecta manera de corresponder el cariño del público gunner porteño al que volvió a reconocer después con un tweet reverencial.

La remera dice Buenos Fucking Aires. Foto: Diego Fioravanti
La remera dice Buenos Fucking Aires. Foto: Diego Fioravanti

Además, el sábado comprobé a través de la gente que el liderazgo de la banda ahora es compartido. Si algo relevante cambió en estos 23 años es que Axl y Slash se encuentran en el mismo grado de protagonismo, a diferencia de aquellos recitales del 93 donde el cantante ostentaba ser el amo y señor del escenario. Este flamante tour de reencuentro demostró que, al menos para la audiencia, las máximas ovaciones ahora también son para el talentoso guitarrista.

Por su parte, Duff McKagan, el otro integrante original, se mostró en un excelente (y envidiable) estado físico provocando que las miradas femeninas, que otrora se posaran sobre Axl, ahora fueran dirigidas al rubio bajista, que además desarrolló una interpretación prolija y precisa en las serpenteantes melodías que ejecutó con su bajo blanco que llevaba el símbolo que inmortalizó Prince.

Duff mejor que hace 23 años
Duff mejor que hace 23 años

El concierto fue una batería de clásicos, una sucesión de temazos que prácticamente no daban respiro. Guns N’ Roses salió al ring con una actitud agresiva y frenética, despejando cualquier duda sobre su capacidad para rockear a esta altura del partido. Después de Double Talkin’ Jive y Better, llegó Estranged – aquel gran tema del Use Your Illussion II – y automáticamente se erizó mi piel. La versión fue magistral y la canté de punta a punta a pesar de su larga duración. Gran momento.

Le siguieron Live and Let Die que encendió el pogo multitudinario – reviviendo lo que sucedió meses atrás con Sir. Paul – Rocket Queen (le costó llegar a Axl) y para You Could Be Mine la locura volvió a desatarse en el campo general, mientras se nos viene a la mente alguna secuencia de Terminator II. A diferencia del 93, Duff no cantó el cover de Attitude sino que esta vez eligió New Rose, ganándose la ovación generalizada. This I Love, junto a Chinese Democracy y Better, fueron las tres canciones seleccionadas de aquel polémico álbum publicado en 2008.

Le siguió Civil War, otro clásico atemporal del UYI II, y después Coma, del UYI I, posiblemente la única canción que hubiese excluido de la lista. Mientras tanto, Axl advertía a la gente del campo vip que se echara hacia atrás y dejara espacio para no quedar asfixiados en la valla de contención.  La famosa canción que musicaliza El Padrino (Speak Softly Love) interpretada en clave rockera por Slash fue el preludio de su máximo clásico: Sweet Child O’ Mine. Ni bien sonaron las primeras melodías del eterno punteo de la intro, el público enloqueció acompañando a Axl Rose en la lírica.

Estadio lleno
Estadio lleno

Todo parecía indicar que Sweet Child O’ Mine iba a ser el punto más álgido de la noche pero rápidamente los Guns N’ Roses redoblaron la puesta y sumaron al histórico Steven Adler, baterista original de la banda que fue despedido en 1990. De repente, un 75% de los miembros fundacionales estaban tocando en River y uno no podía sentirse más privilegiado. Steven se apareció con una enorme sonrisa y la casaca de la selección Argentina.  Al igual que hace 23 años, los conciertos en River volvían a ostentar su carácter de show histórico.

Steven Adler con la albiceleste
Steven Adler con la albiceleste

Axl, Slash, Duff y Steven tocando My Michelle fue la prueba necesaria para confirmar que el rock no morirá jamás. Todos deseamos escucharlo un poco más, pero la realidad es que más no se podía pedir. Mientras despedíamos a Steven que se retiraba besando la camiseta, Axl ya se disponía en el piano para introducirnos en Novermber Rain no sin antes combinar con Slash un hermoso cover de la segunda parte instrumental de Layla, de la que ambos parecían sentirse orgullosos al intercambiar sonrisas de aprobación.

A esta altura, todo aquel que alguna vez se dignó de ser un verdadero gunner se encontraba realmente en un estado de gloria. La banda había vuelto en inmejorables condiciones, siendo una máquina imparable y frenética de rock.

La calurosa noche se hacía sentir mientras sonaba Knocking On Heavens Doors y debo admitir que, comparada con las versiones de estadio de la década del 90, esta vez fue un poco más apagada y escueta. Axl, que tuvo una interacción equilibrada con el público, pidió el coro en el estribillo pero sin extenderlo como hacía hace 23 años atrás, cuando se sorprendía al escuchar la estridente respuesta del público.

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La última canción antes del encore fue Nightrain. Siendo las 12 nos acercábamos a las 3 horas de show ininterrumpido. Sin necesitar de la súplica popular que se traduce en el cantito que ya es un clásico, los Guns N’ Roses volvieron para despedirse con Patience, The Seeker (cover de The Who) y finalmente, tal como nos tiene acostumbrados, Paradise City llegó para el cierre que fue un festival de luces y pirotecnia mientras del escenario emergían miles de papelitos celestes y blancos.

Mientras se despedían en un terremoto eléctrico del rock más visceral que haya escuchado,  yo aplaudía con lo último que me quedaba mientras se cerraba una etapa de mi vida que había comenzado hace 15 años atrás, cuando desilusionado pensaba que no iba a ver una reunión de los verdaderos Guns N’ Roses. Automáticamente dije: “no en esta vida”.

ESTRANGED – GUNS N’ ROSES – RIVER PLATE

WELCOME TO THE JUNGLE – GUNS N’ ROSES – RIVER PLATE

SWEET CHILD O MINE – GUNS N’ ROSES – RIVER PLATE

LISTA DE CANCIONES – SÁBADO 5 DE NOVIEMBRE DE 2016

  1. (Wings cover)
  2. (The Damned cover) (with “You Can’t Put Your Armsmore )
  3. (with “Voodoo Child” outro)
  4. (with band introductions)
  5. (Nino Rota cover)
  6. (Pink Floyd cover) (Slash & Richard Fortus guitar duet)
  7. (“Layla” piano exit intro withmore )
  8. (Bob Dylan cover)
  9. Encore:
  10. (with “Sister Morphine” by The Rolling Stones intro)
  11. (The Who cover)
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7 pensamientos en “NO EN ESTA VIDA”

  1. Tube la suerte de verlos en el 93 a los 12 años. Fue espectacular verlos de vuelta, aunque coparados con la aplanadora que fueron hace tantos años, quedaron un poco cortos. Ojala sigan tocando juntos y encuentren esa potencia. Se puede, ya que bandas legendarias como Aerosmith o los Stones, fueron mejorando en vivo con el tiempo.
    Estoy de acuerdo salvo con Coma. Me parecio una locura tocar ese tema rebuscado, dificil de hacer en viv Mo, y poco popular. Tema que no me gustaba, que me parecia eterno en el Casette, pero con el tiempo me parece una sinfonia oscura. Para mi fue lo mejor del recital!

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  2. Hola Guillermo. Sí, escuché varios comentarios bancando la inclusión de Coma. En mi opinión, la versión en vivo me pareció desprolija y muy exigente para este Axl. Si es por temas pocos populares, hubiese preferido la inclusión de otros como The Garden (UYI I) o 14 Years (UYI II). De todos modos, concuerdo en que muchos fans celebraron la inclusión de Coma, así que evidente fue una buena decisión de la banda. Saludos y que sea rock!

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  3. Estimado debo decir q tu relato no solo te describe a ti mismo si no a varios de nosotros. Tenía tan solo 9 años cuando empecé a escucharlos gracias a mi tía (una joven de casi 30 años). Obviamente mis padres no me dejaron ir por mi corta edad. Tuve tu misma sensación cuando Axl volvió en el 2010, definitivamente no eran los Guns. Cuando anunciaron la vuelta a River ni lo pensé, a pesar de dudar de las capacidades vocales de Axl por su edad, pero bueno yo tampoco soy el mismo, ya casi tengo 34 años con un hijo de 2. El show fue excelente, lo disfruté de principio a fin en companía de mi tía y su hija de 12 años. Lo de Slash simplemente fue brillante. Y Axl a pesar de los años sigue estando entre los mejores cantantes de la historia. Gracias por subir el video de Estranged, a mi humilde juicio el tema mejor tocado de la noche. Abrazo de rock.

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