El lado luminoso de Chris Martin

Coldplay eligió Buenos Aires (la provincia) para iniciar su ambiciosa gira latinoamericana correspondiente a su flamante álbum A Head Full Of Dreams. Ante un estadio Único repleto, la banda británica desplegó una puesta en escena imponente y ofreció un show con casi todos sus clásicos, demostrando que es el grupo de pop más importante de estos tiempos.

por @GFKArgentina

La Metamorfosis

Antes de hablar estrictamente del luminoso recital, quiero repasar en retrospectiva con el objetivo de entender por qué ayer – EN UN SHOW DE COLDPLAY – estábamos todos agitando una pulsera que automáticamente disparaba una gama infinita de colores, provocando una muchedumbre pigmentada, un paisaje increíble y estremecedor.

Como todos ya sabemos, Coldplay comenzó en 1996, pero inició su recorrido discográfico el mismo año en que inaugurábamos un nuevo siglo. Mientras hoy nos cuesta encontrar una banda de esta época que nos represente, y todavía el rock sigue adorando a sus estrellas del pasado, podemos afirmar que este particular cuarteto inglés es uno de los emblemas de la década del 2000.

Ya con su debut, Parachutes, la banda liderada por Chris Martin empezaba un recorrido exitoso en Gran Bretaña con baladas épicas fáciles para corear al unísono. Sin embargo, en 2002, su segundo disco intitulado A Rush Of Blood to the Head superaría cualquier tipo de expectativa y situaría a Coldplay en el plano mundial: Clocks, The Scientist In My Place instantáneamente se volvieron clásicos contemporáneos. Después vinieron X & Y  y Viva la Vida or Death and All His Friends que sumaron nuevos himnos, con el sello inconfundible de Chris Martin, que se escucharon en todos los estadios del mundo.

El astronómico crecimiento del grupo se puede comprobar fácilmente en sus dos previas visitas a nuestro país: de 3 shows en el Teatro Gran Rex en 2007 a un concierto para más de 60 mil personas en River tan solo tres años después.  Gracias al poder indeleble de sus canciones, Coldplay tuvo que asumir una metamorfosis en la que debió abandonar su estilo intimista y “bajonero” (según sus detractores) para asumirse como una poderosa banda de estadios, apostando a una nueva manera de expandir sus ambiciones compositivas.

Sin embargo, el meteórico crecimiento que continuó aún con la publicación de Mylo Xyloto en 2011, sufrió un duro golpe cuando su líder se separó de su esposa – la famosa actriz estadounidense Gwyneth Paltrow con quien tiene dos hijos – y el destino de la banda parecía languidecer en un espiral depresivo. Eso es justamente Ghost Stories, el álbum publicado en 2014 que refleja la angustia de Martin por su situación amorosa, de la que no pudo sacar un provecho artístico en ese disco.

Mientras tanto, Gwyneth también anda por Argentina. Acá con Francis Mallman
Mientras tanto, Gwyneth también anda por Argentina. Acá con Francis Mallman

Fue un año turbulento y caótico tanto para Martin como para la banda, que depende enteramente de su liderazgo, del que finalmente pudieron salir apostando rápidamente por una nueva producción discográfica que se ubicara en las antípodas de esa lágrima cantada que es Ghost Stories.

El amor después del amor

Así nace A Head Full Of Dreams (o cómo salir de la depresión post separación), un disco luminoso, repleto de colores y plagado de canciones que levantan el ánimo a cualquiera. Coldplay decide reinventarse saliendo de la comodidad de sus baladas sentimentales para divertir al mundo. Y lo logra con composiciones como la canción homónima, Adventures of A Lifetime o Hymn For the Weekend, por citar sus tracks más célebres, de esta nueva banda que dejó su frialdad blanquinegra para mostrar una faceta optimista de cómo encarar esta caótica existencia.

Nueva vida. Nuevo disco
Nueva vida. Nuevo disco

En ese sentido, no es ninguna arbitrariedad que la gira positiva y buena onda de Coldplay comience en la Argentina. Sagaces y previsores, los cuatro músicos ingleses entendieron que esta nueva apuesta debía ponerse a prueba ante un público tan fervoroso y demostrativo como el nuestro. Para ello, se prepararon para que los dos shows que abren la gira sean una fiesta inolvidable.

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Es por eso que ayer, mientras ingresaba al estadio Único de La Plata, los organizadores me entregaban una pulsera blanca que se enciende automáticamente por radiofrecuencia, provocando que nuestras muñecas se conviertan en Leds que emiten infinidad de luces que titilan al ritmo de la música. Sé que las pulseras ya tienen algunos años y  que también ya se habían utilizado en otros shows pero creo que en este obtuvieron un provecho mucho mayor.

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La previa nos arrojaba dos artistas femeninas, una local y otra extranjera, a quienes yo desconocía completamente pero que me sorprendieron gratamente: la primera fue Florencia “Hana” Ciliverti que se plantó con su guitarra para ofrecer un show más que interesante, apelando a un abanico de armonías de tintes psicodélicas pero también asomaban tonalidades orientales. Una propuesta original.

Teloneras
Teloneras

Le siguió Lianne La Havas, talentosa artista inglesa de 26 años, hija de madre jamaiquina y padre griego, que además de exhibir una belleza seductora, demostró tener una enorme capacidad musical mostrando sus interesantes composiciones con un swing muy particular y una voz descomunal. Aquellos que aún no la conozcan, les recomiendo que le den una oportunidad y escuchen su música. Posiblemente en unos años sea mainstream y se gane varios Grammys.

Lianne-La-Havas

Finalmente, a las 21, las luces del Único se apagaron y las pulseras que cada uno portaba en su muñeca se encendieron, mientras tanto en la pantalla se proyectaba un vídeo con tres fans adolescentes que sostenían una bandera argentina y decían “hola a todos, queremos presentarles a la mejor banda del mundo: Coldplay”.

Después del anuncio, la banda salió a la conquista con una imponente puesta en escena que, además de encender la pulsera, activó a las 50 mil personas que ovacionaron al grupo bajo un grito enardecido mientras los primeros acordes de A Head Full Of Dreams sacudían los cuerpos de grandes y chicos.  Papelitos, globos, fuegos artificiales y un maremágnum de luces fueron el arsenal al que Coldplay echó mano de entrada.

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Un poco extasiado y aturdido, ese comienzo me trajo el fresco recuerdo de otros monumentales arranques como el Black Ice Tour de AC/DC con una locomotora a toda maquina irrumpiendo en el escenario o el avión estrellado de The Wall en medio de una balacera estremecedora. Sin embargo, no hay dudas de que desde que Coldplay se decidió ser una banda de estadios, su ejemplo más cercano son los shows de U2.

Desde el primer minuto, el recital fue una fiesta sonora de colores protagonizada por Chris Martin (voz, guitarra rítmica y piano), Jon Buckland (guitarra principal), Guy Berryman (bajo, teclados) y William Champion (batería y coros). Casi sin respiro, continuaron con Yellow (su primer hit) para seguir con Every Teardrop. En Birds largaron bocha de pelotas gigantes que iban rebotando por todo el campo del estadio, mientras el público lo empujaba con fuerza hacia el cielo.

Después de ese comienzo que se asemejaba al carnaval carioca de un casamiento, la banda decidió relajar un poco y mostrar su antigua faceta mucho más introspectiva. Con el objetivo de contrastar esos dos estilos coexistentes, decidieron ubicarse en un escenario alternativo cercano al mangrullo para ofrecer un set acústico con Magic y Everglow, ésta última perteneciente a su colorida flamante producción.

Después de breve relajo, la banda volvió con todo para romperla con Clocks, posiblemente uno de las mejores canciones pop de las últimas décadas que al escucharla en vivo, estremece. A la fiesta alegre y divertida, le siguió Politik acompañada por un impactante vídeo que proyectaba una seguidilla de cruentas imágenes de la guerra en Medio Oriente y a los miles de refugiados vagando por las rutas europeas, buscando generar una saludable pero liviana empatía con la desesperante situación que se vive en aquella región del planeta. Otro paralelismo con U2, aunque en este caso, Chris Martin no hizo ningún tipo de declaración y dejo que el vídeo y la canción hablaran por él.

El tercer escenario, bien cerquita.
El tercer escenario, bien cerquita.

Sonriente y rozagante, Martin solo paraba para agradecer en un aceptable y fluido español “estamos muy contentos de poder estar nuevamente aquí” agregando y subrayando que nos habían elegido para comenzar esta gira en nuestro país por el afecto especial que nos tienen. La parcialidad femenina se derrite en colores y le demuestra su afecto con agudos alaridos. Él sonríe. Se lo ve contento. Jubiloso.

Fuente: Natalia Bohdan
Fuente: Natalia Bohdan

Mientras tanto se sucedían clásicos como Charlie Brown o Fix You – mención destacada al público que finalizó el tema a coro-.  Nuevamente aparece A Head Full Of Dreams con otra de sus confecciones ideales para estadios: Hymn for the Weekend.

Como prólogo, de Viva la Vida, la banda eligió homenajear a David Bowie con un mediocre cover de Heroes – posiblemente el punto más flojo de la sofisticada apuesta- pero fue rápidamente olvidada cuando el estadio acompañó al unísono el famoso coro de Viva la Vida para acoplarle Adventures of a Lifetime, otra del último disco que va derecho a ser un clásico del repertorio. Mi favorita de A Head Full Of Dreams.

La agitada y frenética noche volvió a tener otro lapso de calma cuando los cuatro se mudaron  a un tercer diminuto escenario montado en el medio del campo. De repente, todos los que estaban cerca mío salieron corriendo desesperados hacia un sector. Siguiendo la manada, me di cuenta que tenía a los músicos a muy pocos metros de distancia. Salvo por la gorra, el batero y el guitarrista son prácticamente iguales.

En ese tramo final, el grupo retoma sus principios apelando a un sonido de mayor intimidad. Aprovechan además para tocar Green Eyes, pedida por una de sus fans en la nueva modalidad “a la carta” que están proponiendo bandas que se pueden dar el lujo de dar a elegir.

El tercer escenario, bien cerquita.
El tercer escenario, bien cerquita.

Para el final se guardaron Amazing Day,  A Sky Full Of Stars y Up & Up, canción que cierra este nueva cara risueña y descontracturada de Coldplay. En el cierre, las pulseras luminosas retomaron su protagonismo proyectando un paisaje único e irrepetible. Las caras atónitas recorrían con su incrédula mirada semejante espectáculo visual, donde cada espectador aportaba con su pequeña pero intensa luz.

Después de agradecer numerosas veces, la banda se retiró sin amagar con volver. El público trató de convencerlos coreando Viva la Vida pero el intento fue inútil. Tampoco se insistió demasiado, todos estábamos más que satisfechos con lo que la banda había desplegado a lo largo de dos horas. En ese tiempo, Coldplay pudo condensar el legado místico de las grandes bandas de estadio. Con esta nueva gira, y más puntualmente con el concierto de ayer, la banda de Chris Martin es el nuevo faro de este tipo de espectáculos en los que el resto de las bandas de rock formadas en el siglo XXI aún no pueden hacer pie.

La lista de temas
La lista de temas

 

ADVENTURES OF A LIFETIME – COLDPLAY

HYMN FOR THE WEEKEND – COLDPLAY


YELLOW – COLDPLAY

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2 pensamientos en “El lado luminoso de Chris Martin”

  1. Tocaron coñor spectrum! Despues de amazing day, tengo el video. Tuvo unas visuales que mostraban distintas partes dem mundo. Fue justo antes de a sky full of stars.

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