Un nuevo Extended Tour que le agradecemos a Hackett

The Opera Show

Steve Hackett, legendario guitarrista inglés que supo formar parte de la alineación dorada de Genesis entre 1971 y 1977, desembarcó en Argentina para revivir las joyas de aquel momento cumbre del rock progresivo con dos shows en el Teatro Ópera de Buenos Aires, que se inscriben en el marco de su gira mundial titulada “Genesis Extended”.

por @GFKArgentina | Gabriel F. Keena

Uno tiende automáticamente a tentarse en rebuscadas sospechas con este tipo de recitales. Se autointerroga si no estarán muy viejos ya, o conjetura acerca del grado de decrepitud puede llegar a tener el visitante, teniendo en cuenta que la mayoría de estos héroes del pasado andan merodeando entre los 60 y 70 años. Uno suele refugiarse en el prejuicio de que vienen a robar, a sacarnos la guita a los sudacas y los reforzamos al punto de justificar la negativa a desenfundar la tarjeta de crédito para comprar la entrada.

Me ha pasado en algunas ocasiones, pero decidí revisar esa actitud y empecé a ser más optimista. Así fue que disfruté plenamente la visita de Yes en 2013 en la que, junto con Pablo escribimos una humilde crónica del show (que pueden leer aquí), mientras que el jueves 12 de marzo, asistí a la visita de un apellido mayúsculo del género que denominamos rock progresivo.

Nunca había ido al histórico y prestigioso Teatro Ópera y ni bien subí sus largas e imponentes escalinatas, me di cuenta que era un lugar apropiado para ver a Hackett.  El recinto se caracteriza por tener una disposición de las plateas similar a un gigantesco cine, ya que no cuenta con butacas ni sectores para observar el show en los laterales. Ubicado en en las alturas del Superpullman, me senté para remitirme a la gloriosa época del Genesis progresivo.

Un nuevo Extended Tour que le agradecemos a Hackett
Un nuevo Extended Tour que le agradecemos a Hackett

Previo al show, una banda de rock autóctona hizo lo suyo y tuvo el honor de prologar musicalmente la visita del guitarrista británico que, unos minutos después de las 21, apareció en escena junto a su banda mientras de fondo sonaban instrumentos de cuerdas con estilo netamente clásico. El público aplaudió fervientemente y las luces lo buscaron a él. Ya estaba armado y preparado. Colgaba de una majestuosa Gibson Les Paul dispuesta a disparar melodías extravagantes propias de un género ambicioso que tuvo su apogeo durante el primer lustro de la década del 70. La ovación recorrió todo el teatro y ocupo el tiempo necesario para que los músicos se ubicaran en sus respectivos lugares.

En la cola, mientras esperabamos junto a Pablo para ingresar al teatro, le mencioné que hacía mucho que no escuchaba el álbum A Trick Of A Tail (1976). Era jueves y la semana había sido ardua, calurosa y densa. Me encontraba agobiado y el recital llegó justo para poder relajarme y escaparme de la esclavizante rutina. Mientras enfilaba hacia mi butaca, pensaba “ojalá que toqué algo de A Trick Of A Tail”.

Steve Hackett comenzó el show con un solidario guiño hacia mis deseos auditivos ya que arrancó con Dance On a Volcano, tema que abre el mencionado álbum editado por la banda en 1976, el primero post Peter Gabriel cuando eran un cuarteto integrado por Phil Collins (batería y voz), Tony Banks (teclado, sintetizadores, piano, guitarra), Mike Rutherford (bajo y guitarra) y Steve Hackett (guitarra principal).


Después le siguió Squonk, descomunal canción que le sigue a Dance On a Volcano y que, lógicamente también es del mismo disco. Inmejorable arranque.

Bajo la lluvia de aplausos después de la arremetida inicial, Hackett profirió algunas palabras de salutación y agradecimiento en un más que aceptable español y dedicó la siguiente canción a la memoria de Nacho, músico argentino que formó parte de una famosa banda tributo a Genesis denominada Rael.

“Can you tell me where my country lies?”, se escuchó en la voz de Nad Sylvan, el cantante de esta gira que tiene la exigente responsabilidad de corresponder su canto con dos voces muy particulares como la de Gabriel y Collins, sobre todo en las complejas melodías vocales extravagantes de aquel período. Sylvan lo hace bien, su voz firme no desentona y se afinca con personalidad sobre el escenario con su look medio bizarren de larga cabellera rubia y una estética medio glam rock ochentosa. Dancing with the Moonlit Knight es una canción emblemática que da inicio a uno de los discos más importantes del rock progresivo cuyo renombrado título es Selling England By The Pound (1973).

Hackett realmente se luce con los solos de raigambre metalera así como también en los espacios de pausa que versan sobre una melodía más conciliadora y reflexiva, más propios del estilo clásico británico demostrando ser un versátil compositor así como también dejando en claro que su influencia en ese descomunal disco fue realmente decisiva y bien puede servir como una verdadera muestra del talento de este distinguido guitarrista nacido en Londres.


En la extensa producción solista de Hackett existe una perla oculta que es un DVD publicado en 2002 en el que documenta su última visita a la Argentina y se intitula Somewhere in South America: Live in Buenos Aires. Largos años pasaron para que volviera a interpretar en suelo argentino otro clásico del Selling England como es Firth Of Fifth con su inmortal introducción en el piano que ejecuta excelentemente Roger King.

La banda que acompaña a Hackett se completa con un demencial baterista como Gary O’Toole (recaudó una larga ovación de los espectadores), la presencia de Rob Townsend ocupando el rol de multi-instrumentista además de Lee Pomeroy, encargado de recrear las melodías de Rutherford en bajo y guitarra.

Hubo tiempo para revisitar también otra gran obra como Nursery Cryme (1971). La selección me pareció acertada: The Return Of The Giant Hogweed, The Fountain Of SalmacisThe Musical Box, ésta última se llevó una ovación que provocó que todo el teatro se pusiera de pie y se escucharan fuertes alaridos que Hackett debió interpretar como sentidas reverencias.

Llegó una calmada pausa cuando tomó la guitarra acústica para desplegar dos piezas netamente instrumentales que hipnotizaron a las miles de almas que presenciaron el show. Después de aplaudir hasta el hartazgo, y teniendo en cuenta que tenía la acústica en sus manos, deseé que empezarán a sonar los eternos acordes de Blood On The Rooftop pero ese deseo no se correspondió. Una verdadera lástima que no haya interpretado canciones de ese grandioso y último disco en el que participó que lleva por nombre Wind and Wuthering (1976), la última obra del período progresivo de Genesis antes de conformarse en un exitosísimo trío de música pop.

Continuó con I Know What I Like (In your Wadrobe) y los músicos se soltaron par dar paso a una improvisación instrumental jazzera con tremendos solos del genial Hackett, que seguían el acompañamiento de las palmas.

También fue mechando algunas composiciones propias que no desentonaron en el repertorio de Genesis y sobre el final se despachó con algunos clásicos de la primera época  como son The Knife y la monumental, excéntrica y desproporcionada Suppers Ready que dura más de 20 minutos. Sinceramente sorprendió a más de uno la interpretación de esa canción-disco que habitualmente, por su duración, son descartadas para tocarlas en vivo.

Volvió para dar la estocada final con Los Endos y remitirse nuevamente al principio del show recayendo en el último tema de A Trick Of A Tail.

Por más de dos horas, pude finalmente palpar de cerca y estremecerme con las descomunales obras que Genesis regaló al mundo durante este período en el que Hackett participó como guitarrista y compositor. Y eso sucedió gracias a Steve, y su acertada decisión de volver sobre estas joyas que permanecieron prácticamente ocultas y desestimadas cuando el grupo apostó por el pop, en la década del 80. Gabriel, por su parte, conformó un sólida carrera solista y en sus giras casi nunca da lugar a las canciones de la banda que supo liderar. Solo nos queda Steve Hackett. Un artesano de bellas melodías. Siempre tan prolijo, cuidado, sobrio, británico. Me parece bien que sea él, el responsable o el inesperado encargado de mantener ese patrimonio que forma parte de un movimiento musical con el que el rock supo explorar sus máximas posibilidades artísticas. Pero tal como dice uno de sus clásicos “The sands of time were eroded by
the river of constant change”.

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