#AntiShows | Buenos Aires Vivo III (2/3/1999)

El 2 de marzo de 1999 fue otra trágica jornada para el Rock Nacional. En el marco del ciclo de rock Buenos Aires Vivo III, en el que se presentaron Los Caballeros De La Quema y Divididos, se produjo la muerte de dos jóvenes electrocutados, mientras que otras 25 personas heridas debieron ser trasladas al hospital. Una lúgubre noche que quedó tapada por la tragedia de Cromañón pero que no debe ser olvidada.

por Gabriel F. Keena | @GFKArgentina

Charly Garcia

Alejandro Llumelli de 20 años y Diego Aguilera de 21 fueron las víctimas fatales de aquella fatídica noche que determinaron la inmediata suspensión del Buenos Aires Vivo III, además que después se conocieron una veintena de heridos más que iban desde lesiones de arma blanca hasta intoxicaciones por diversas ingestas. En un principio reinó la confusión y los medios que levantaron las noticias distorsionaron los hechos, que aún no se habían esclarecido, e informaban que las muertes se debían a sobredosis de droga. Finalmente, las pericias pudieron determinar que el motivo de la defunción de ambos se debió a una descarga eléctrica recibida de un alambrado. El diario Hoy de la ciudad de La Plata, en su crónica del 3 de marzo del 99, se publican declaraciones que parecían indicar el motivo de las muertes, sin embargo hasta ese momento, todo era un mar de confusión. Compartimos el recuadro del mencionado periódico platense:

María Elena Lambrosini,de 46 años, afirmó que su hijo, Mariano Murdagh, de 19, le dijo que ‘los chicos fueron a tomar agua y se apoyaron en un alambrado y quedaron pegados. Me contó que escuchó gritos que advertían que el alambrado tenia electricidad, pero los chicos fueron a tomar agua y quedaron electrocutados”.

Diario Hoy – La Plata 03/03/1999

MOLLO GORDO

Mollo cuando era gordo. Y no se comía a Natalia Oreiro.

Por su parte, Página/12, también se hizo eco del funesto acontecimiento y en un artículo, titulado Historias de rock, locura y muerte, firmado por Fernando D’ Addario se resalta la falta de responsabilidad por parte de los organizadores así como también del universo rockero argento que siempre busca el “nadie es responsable” para seguir fomentando este tipo de atrocidades. Transcribo algunos párrafos de ésta interesante nota:

Era miércoles a la noche, y la pantalla generosa de Azul televisión despedía rock en diferido, furioso rock con la sangre habitual de Divididos, esta vez tocando para el ciclo Buenos Aires Vivo III, en Costanera Sur. A la misma hora, en las localidades bonaerenses de Berazategui y Turdera, dos familias terminaban de enterrar, pero no de llorar, a Diego Aguilera (21 años) y Alejandro Lumille (20), muertos de manera inexplicable durante ese mismo show que se estaba televisando como si nada hubiera pasado. Es que en la Argentina, la historia del rock y la historia de la muerte empezaron a transitar juntas el camino de la naturalidad. La naturalidad del negocio, cuya lógica sepulta todo esbozo de discusión con el argumento de la inexorabilidad. La naturalidad de la muerte, que ya no indigna, ni provoca marchas de silencio, ni inspira canciones de homenaje, ni nada. La muerte, a secas, más sola que nunca, cuando los protagonistas directos o indirectos (funcionarios, músicos, periodistas, etc.) la destierran al archivo de la fatalidad.

En este país, la relación del rock con la muerte admite varias lecturas, la mayoría de ellas alejadas del estereotipo made in Crónica, que simplifica todo con la fábula de las “bandas de forajidos drogados”. La realidad, que no está exenta ni de forajidos ni de drogados (en las oficinas de gobierno, en las canchas de fútbol, en las reuniones empresariales y sí, también, en los recitales rockeros) incluye “descuidos” policiales, juicios irregulares, batallas ideológicas de vuelo rasante, vandalismo gratuito, negligencias organizativas y mala suerte lisa y llana. Históricamente, el rock mostró ante la muerte cercana una tendencia a mirar para otro lado. Como si temiera quedar como imputado en delitos de los que no participó (ni es responsable, por supuesto), potencia su costado paranoide y se escuda en el “no tenemos nada para decir”, o “no queremos televisar nuestro dolor” (Indio Solari dixit). La semana pasada, arriba del escenario, los integrantes de Divididos no se enteraron de que abajo, a unos 50 metros, un apagón se había convertido en la escenografía ideal para que abundaran peleas, navajazos y robos entre un puñado de jóvenes. Ricardo Mollo y los suyos no tenían forma de saberlo. A las 22.30, en pleno show, una unidad del SAME recibió (a un costado del escenario) a dos chicos electrocutados, con paro cardíaco. El mismo público los había trasladado, de mano en mano. Durante 45 minutos los paramédicos intentaron reanimarlos. Uno de los chicos murió en la ambulancia, rumbo al Argerich. El otro falleció pocos minutos después, dentro del hospital. Los músicos de Divididos no se enteraron de la tragedia, pero sí lo sabían sus allegados más directos y prefirieron no decirles nada durante el show.

Algún desubicado deslizó que las muertes tenían que ver con sobredosis de drogas (¿y por qué no? total eran rockeros…), algún funcionario lo desmintió, alguno nombró a Edesur (también está de moda) y muy pronto no se habló más del tema. Tampoco los integrantes de Divididos quieren hablar del asunto, aunque se dice que llamaron a los familiares de las víctimas para expresarles sus condolencias. Capítulo final para el capítulo titulado “Dos jóvenes murieron durante recital de rock”.

Uno, automáticamente después de leer el motivo de ambas muertes saca la conclusión de que el alambre estaba electrificado y automáticamente dice: “pero qué locura”. Sin embargo, los alambrados no contaban con electricidad sino que había un cable que recorría unos 40 metros pegado al alambrado perimetral (igualmente sigue siendo una locura!!) con el objetivo de abastecer a los stands de comidas y bebidas ubicados dentro del lugar. Edesur, la empresa de electricidad a la que se responsabilizó, negó que ese cable perteneciera a la empresa y culpó al predio vecino de Molinos Río De La Plata, asegurando que el cableado eléctrico pertenecía a ellos y que en todo caso era responsabilidad de las autoridades de la ciudad. En fin, todos se pasan la pelota y como siempre, nadie se hace cargo.

FOTO JORGE LARROSA

El cable del que nadie se hizo cargo.

No es la única banda a la que sucedió sino que es hasta tristemente habitual que los artistas ni se enteren de los descalabros que se cometen en esa marea de gente. Divididos finalizó su show ignorando que mientras tocaban, dos jóvenes morían electrocutados. Mollo y cía, también desconocían la cantidad de heridos por robos y hechos de vandalismo que sea realizaron bajo la mayor impunidad posible. Suelen argumentar que es hasta recomendable no avisarles para que no suspendan el show porque de lo contrario la situación podría ser más dramática aún. En definitiva, la comunidad rockera se lamentó pero decidió mirar para otro lado. Sin denunciar a las autoridades responsables ni condenar dos muertes injustas que reflejan el maltrato y olvido al que, muchas veces, son sometidos los espectadores.  Pasó. Quedó la noticia, que pronto fue reemplazada por otras más coyunturales. Cinco años más tarde, la Argentina sufriría una de la peores tragedias de su historia, el 30 de diciembre de 2004.

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Nirvana | Vélez | http://bit.ly/1qd6hoQ
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The Cure | Ferro | http://bit.ly/1wtQtDW
Led Zeppelin | Live Aid | http://bit.ly/1tDbMyz
U2 | Las Vegas | http://bit.ly/1qHOljC
Rob Zombie | RockFest 2014 | http://bit.ly/1ucSDTL
Pearl Jam | Roskilde 2000 | http://bit.ly/1qIer5T
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