SKATERS, BIKERS, ROCK Y UN AMOR FRUSTRADO (21 de abril de 2013)

por Santiago Franco

Caí al festival cuando ya había tocado Perro Malo!. Ya sé, estuve re flojo, como “periodista cultural de Luján” tendría que haber estado ahí para bancarle los trapos a los pibes y todo eso. Pero, en mi defensa, después del show hablé con uno de ellos para que me pasen una reseña o algo para hacerles la gamba y que salga algún comentario en el diario. Me dijeron que sí, que gracias, que buena onda, pero después no me mandaron nada. Bue.

En ese momento los ánimos eran los de cualquier evento multitudinario que se desarrolla en Luján y al cual la gente asiste para aburrirse en masa en vez de hacerlo en la privacidad de su hogar.

Los skaters, lo poco que vi, una lágrima. Los de las bicis, salvo uno que tiraba un par de magias copadas (supermanes y mortales pa’trás) también.

La banda que sí iba a ver después, y que no había escuchado nunca, fue Eruca Sativa (Lula Bertoldi, Brenda Martin y Gabriel Pedernera).

Eruca Sativa

Ya sé, soy un hijo de puta, “periodista cultural especializado en rock” y nunca escuché a Eruca Sativa que es una de las bandas de rock que más cola trajo en la escena los últimos años. Pero, en mi defensa, le tengo un rechazo patológico al individuo que me los recomendó, y todo lo que venga de su parte es reprimido inmediatamente por mi inconsciente.

Sin embargo, el mencionado individuo tenía razón (al menos acepto cuando me equivoco) y la banda la rompe. Para usar una frase hecha: es un power trío con mucho power. También se podría decir que son como Nirvana pero con dos minas y el pato Galván en batería.

Como no me habían conseguido una acreditación, estuve renegando para encontrar a la encargada de prensa, así los monos me dejaban pasar tras bambalinas. En eso veo una chica que se sacaba fotos con desconocidos (como si fuera famosa) y varios plomos con remeras de Eruca Sativa.

Sumé dos y dos, saqué el grabador y me acerqué. Dije alguna gansada, mascullé un par de veces el nombre del diario para el que laburo y ella aceptó darme la nota.

Ahí me asaltó la vergüenza de no tener una puta información más allá del nombre de la banda. El audio completo de la entrevista lo pueden oír haciendo click acá. Mientras las preguntas de rigor se sucedían una a una (cómo componen sus canciones, si están contentos de estar en Luján y otros interrogantes prefabricados orientados a dejar bien parado al artista) yo me iba enamorando. Ya sé, me enamoro demasiado fácil. En un momento de la entrevista me traiciono a mí mismo y le hago una pregunta que pinta a las claras que no estoy del todo seguro si estoy hablando con una integrante de Eruca Sativa o con una flaca de peinado raro que me está boludeando. Ella, toda amable, me aclara que no es la cantante, que es Brenda, la bajista. Me enamoro más.

Termino la nota y me voy a seguir buscando a la responsable de prensa. No la encuentro, no la conocen, o no saben donde se metió. En eso sube la banda. Tres o cuatro acordes de Fuera o más allá que (después me iba a enterar) es el último corte difusión, y ya pensaba en cómo le iba a proponer matrimonio. La banda tiene mucho empuje, el pato Galván descoce la batería, Lula, la verdadera cantante y además guitarrista, hace muy bien lo suyo y cuando hace algún solo de cara al piso las mechas rubias recuerdan al finado Cobain. Por su parte, mi señora le pega cual Flea a su bajo de cinco cuerdas para completar el trío con menos pelotas literales y más metafóricas que he presenciado en mucho tiempo. Cuando me acuerdo que estoy ahí para trabajar, empiezo a buscar a la bendita jefa de prensa. Andaba con un papelito en el bolsillo donde tenía anotado el nombre y lo sacaba cada vez que iba a preguntar. Sí, mi inconsciente también me impide retener nombres que no son de mi/su interés. Le insisto a los monos para que me den algo de pelota y por una de esas carambolas de la vida, aparece la flaca y me hace pasar. “No te doy un pase porque no tengo más, cualquier problema que te hagan venís a hablar conmigo y listo”. Problema resuelto. Me quedo piola escuchando a los chicos de Eruca y esperando que llegue Fabiana Cantilo para terminar con mis labores.

Los chicos de Eruca terminan su show y yo me quedo observando como la madre de mis hijos recibe el afecto de su público. Al rato llega la reina del twist, pero dice que las entrevistas las va a dar después del recital, así que me lo iba a tener que fumar enterito. En eso, la luz de mis ojos se va para la carpa que oficiaba de camarín, y como ya estaba convencido de que mis pocas habilidades sociales y la timidez intrínseca a mi persona iban a socavar cualquier intento de chamuyo, me quedé escuchando a la Fabi, a quién tampoco había presenciado en vivo.

Y me sorprendí por segunda vez. No por lo novedoso de la propuesta ya que conocía el 75% de los temas, sino por lo bien plantada que está Fabi. Se banco todo el show, corrió, bailó, cantó todos los temas sin un pifie a pesar de los desastres técnicos provocados por la paupérrima puesta en escena que aportó el gobierno del Dani Scioli.

Obvio que también me impactó lo bien que se conserva su voz, pero más allá de eso me llamó la atención el conjunto de su persona. Pensaba en los artistas de su generación que he visto (Fito o Pipo) o los de la generación anterior (Charly) y todos están hechos fruta en algún sentido. Pero ella no, reconozco que por momentos su personalidad “alocada” tenía visos de lisa y llana esquizofrenia, pero al margen de esos detalles, llevo todo el show con unos estándares de calidad nada despreciables.

El show terminó con un políticamente correcto despliegue de la bandera de los 25 años de Greenpeace en la Argentina y eso fue más o menos lo que pasó.

Cuando Fabiana baja del escenario y yo todavía estaba grabador en mano esperando para hacerle alguna aguda pregunta (?), aparece un muchacho que parecía ser el que más larga la tenía en la organización del “evento”. Daba muchas directivas en tono quejoso y además tenía una cara bárbara de “soy pariente de Scioli y estoy organizando todo este circo para que el Dani me tenga bajo su ala” al cual no se le ocurre mejor idea que empezar a echar a la gente que no tenían acreditación (que para ese entonces eran una bocha porque se fueron colando poco a poco). Por supuesto yo también caí en la volteada y como no encontraba el papelito que reemplaza mi memoria para decirle “a mí me dejó pasar tal”, acepté retirarme pacíficamente sin cumplir mi sueño de entrevistar un miembro del clan Cantilo.

Calculo que muchos la deben haber pasado bien, pero yo, con el corazón roto por una bajista y mis sueños frustrados por el hermano o el primo del gobernador, me comí alto garrón.

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